El Acuerdo de París 2015 es considerado por la mayoría de defensores de la acción y la justicia climática como “un punto decisivo histórico” para el mundo ecologista. Se trata de la mayor alianza a nivel internacional, que se ha hecho en la historia de la humanidad para revertir el cambio climático.

Mañana, 12 de diciembre de 2020, es el aniversario de la firma de este documento que marcó un antes y un después en el compromiso de los países con la reducción de las emisiones GEI que provocan el calentamiento global.

Este Acuerdo fue el resultado de días de negociaciones entre los 195 países miembros la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) durante la COP21, que empezó 13 días antes en París. En un principio, el acuerdo fue firmado por 97 partes, incluida la Unión Europea, que ratificó el acuerdo el 5 de octubre de 2016.

Los países que firmaron el Acuerdo de París sumaban el 55% e las emisiones GEI globales

En ese momento, se cumplió la condición para la entrada en vigor del acuerdo, puesto que ya había sido ratificado por más de 55 partes, cuyas emisiones sumaban más del 55% de emisiones GEI globales.

A lo largo de los últimos años, mucho se ha hablado de este importante acuerdo. Cuando los países establecen sus objetivos de reducción de emisiones, políticas verdes o inversiones públicas, tienen en cuenta los objetivos y metas que se recogen en este documento.

Ahora bien, ¿Por qué es tan importante este acuerdo para la supervivencia de nuestro planeta?

¿Cuáles son los puntos clave del Acuerdo de París 2015?

Básicamente, el Acuerdo de París 2015 tiene el objetivo de mantener por debajo de los 2ºC el incremento de la temperatura global de la Tierra -respecto a los niveles pre-industriales-. Según la comunidad científica, esta cifra establece el límite bajo el cuál lograríamos la supervivencia del planeta.

Más allá de ese número, se dibuja un escenario de no retorno para la Tierra, que pondría fin a la habitabilidad del planeta y con ello, pondría en grave riesgo de extinción y supervivencia a miles de personas, especies y ecosistemas. Por este motivo, el Acuerdo de París es tan importante para la acción climática; establece la urgente implementación de una sociedad ZEO y aboga por la reducción del calentamiento global de la Tierra.

Además, reclama a los países que lleven a cabo políticas verdes lo más ambiciosas posibles para tratar de limitar el aumento a 1.5 °C, reconociendo que esto reduciría significativamente las consecuencias del cambio climático. Una serie de fenómenos climáticos extremos que ya están afectando a la sociedad y la salud del planeta a día de hoy.

¿Cómo podemos conseguir estos objetivos?

El Acuerdo establece que la única forma de lograr cumplir con los objetivos es a través de la transición a una economía y sociedad ZEO. Por lo tanto, la humanidad debe reducir las emisiones GEI lo antes posible.

Si bien la mayoría de países ya se comprometieron a conseguir la neutralidad climática para el próximo 2050 durante la última COP25, en un principio el Acuerdo también refleja la necesidad de establecer medidas de menor impacto, pero igual de necesarias. Las acciones de mitigación, adaptación y resiliencia al cambio climático también son necesarias para reducir el impacto de las consecuencias ya provocadas por el calentamiento en marcha.

De igual modo, también es necesaria la generación de flujos financieros que permitan reducir la huella de carbono de los países y promuevan la inversión verde. En este sentido, iniciativas como el Pacto Verde Europeo o el Green New Deal estadounidense pueden ser de gran ayuda para hacer más ZEO la economía mundial.

¿Cuál es el antecedente de este histórico acuerdo?

No se puede hablar del Acuerdo de París 2015 sin hablar antes del Protocolo de Kyoto. Este documento es el antecesor del actual acuerdo y el primer acuerdo internacional que puso el foco en abordar la cuestión climática.

Hoy muchos dirían que los objetivos recogidos en él fueron poco ambiciosos, pero en cuando fue firmado el 11 de diciembre de 1997, este acuerdo supuso un auténtico punto de inflexión para el tejido industrial. El protocolo de Kyoto entró en vigor en 2005 y cuatro años después, ya lo habían ratificado 187 países.

Los países que se acogieron al protocolo de Kyoto, se comprometieron a reducir al menos un 5% las emisiones GEI que provocan el calentamiento global. Durante el periodo de 2008 al 2012, que más tarde fue ampliado hasta este 2020, los estados debían establecer leyes y políticas para cumplir sus compromisos.

Debían instar a las empresas a tener en cuenta su huella ecológica a la hora de tomar decisiones sobre sus inversiones a través de ayudas y subvenciones. Además, el Protocolo de Kyoto ha propiciado la creación del mercado de carbono en la mayoría de economías mundiales: emitir CO2 tiene un precio cada vez mayor.

Gracias a la compra/venta de derechos de emisión, se están logrando grandes cambios tecnológicos sostenibles en el tejido empresarial.

¿Cómo funciona en la práctica el Acuerdo de París 2015?

Para que este Acuerdo no sea un simple papel desprovisto de valor, el Acuerdo de París establece un baremo llamado Contribuciones Previstas Determinadas a Nivel Nacional para establecer los objetivos de cada país firmante.

En este sentido, el artículo 3 del Acuerdo requiere que estas contribuciones, es decir, los porcentajes de reducción de emisiones de cada uno de los países, sean ambiciosas y muestren un progreso a largo plazo. Cada cinco años son registradas por la CMNUCC, debatidas y puestas en común entre todos los países que pertenecen al acuerdo.

De esta manera, se determinan qué estados van por buen camino y cuáles deben endurecer sus objetivos y sus medidas de reducción de emisiones. Las contribuciones iniciales que se configuraron al sellar el Acuerdo de París, establecieron una hoja de ruta de cuál debía ser la “contribución” de cada uno de los países.

Mientras que China debía reducir sus emisiones un 29,4%, la Unión Europa debía hacerlo un 14,3%, Estados Unidos un 9,8% y la India, Rusia y Japón, un 6,8, 4,9 y 3,5% respectivamente.

Un Acuerdo que nos obliga a ser ZEO

Sin duda, el Acuerdo de París 2015 ha sido el primer acuerdo internacional en darle la importancia y la celeridad necesaria a la lucha contra el cambio climático. Hoy en día, cada vez hay más empresas, personas y colectivos que conocen la importancia de este acuerdo y trabajan para ser más ZEO en su día a día.

Siguiendo objetivos de reducción de emisiones reales y ambiciosos, podemos lograr una economía baja en carbono y de esta forma, tratar de no superar los 1,5ºC de incremento de la temperatura planetaria con respecto a los niveles preindustriales.

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