El confinamiento se ha convertido en la excusa perfecta para iniciar nuevos proyectos. Arreglar algún mueble, aprender a cocinar nuevas recetas, realizar alguna manualidad… Aunque quizá uno de los proyectos que más puede enriquecernos tanto a nivel personal como a nivel de compromiso ambiental es iniciar un nuevo proyecto de Huerto Urbano.

Durante este confinamiento hemos tenido la oportunidad de adoptar prácticas más sostenibles para así reducir nuestras emisiones de carbono y ayudar a frenar el cambio climático. Para llevar un auténtico confinamiento ZEO es fundamental consumir responsablemente y de forma sostenible, y una forma de conseguirlo es con el auto cultivo en casa.

Emisiones y alimentación

El sector de la alimentación es uno de los más contaminantes en cuanto a emisiones GEI (Gases de Efecto Invernadero). La huella de carbono en la alimentación se genera en diferentes áreas y niveles del proceso de consumo y producción. Ya sea a través del transporte, la ganadería intensiva o el procesado y envasado de los productos, lo que comemos genera un gran impacto en el medio ambiente y contribuye al cambio climático.

Por eso la necesidad de seguir una alimentación lo más ZEO -cero emisiones- posible, se convierte ahora en una urgencia a nivel global. Según el último informe de la ONU sobre El Cambio Climático y la Tierra, solo cambiando la dieta progresivamente se podrían ahorrar hasta 8 Gigatoneladas de CO2 anuales para 2050. Cambiar la alimentación significa reducir un 23% de las emisiones GEI globales que generamos cada año.

Cambiando a una dieta sostenible podemos reducir hasta un 25% las emisiones GEI

Y no es únicamente la ONU quién respalda esta teoría, la organización World Wide Fund asegura que adoptando una “dieta sostenible” podemos conseguir reducir un hasta un 25% la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Esta dieta está basada en seis grandes principios:

  1. Comer más alimentos de origen vegetal
  2. Tener una dieta variada
  3. Reducir al máximo el desperdicio
  4. Reducir el consumo de carne, tanto roja como blanca
  5. Comprar alimentos que cumplan un estándar ecológico certificado
  6. Comer menos productos ricos en grasa, sal y azúcar

El autocultivo: Salud y economía

El autocultivo resulta una práctica altamente beneficiosa para nuestra salud. Y es que para evitar pérdidas productivas y aumentar el rendimiento de las cosechas, la mayoría de agricultores utilizan productos como plaguicidas. Tal y como recoge la OMS (Organización Mundial de la Salud), estos pueden ser elevadamente tóxicos para el ser humano y causar efectos crónicos sobre nuestra salud dependiendo de la cantidad y el grado de exposición.

Además, estos productos permanecen durante años en el suelo y el agua. Por esta razón su uso se ha prohibido en la mayoría de países desarrollados, aunque se continúa utilizando en muchos países en desarrollo.

Cultivando alimentos en casa, bajo el control personal de su crecimiento y de los productos que utilizamos para evitar que en el huerto aparezcan malas hierbas, hongos y otras plagas, garantizamos que las verduras y hortalizas que ingerimos no son perjudiciales para nuestra salud.

Según la experta en horticultura y permacultura Juliana Maruri con el autocultivo “nos aseguramos que consumimos un alimento realmente orgánico, es decir, no tratado con ningún tipo de fertilizante y agente tóxico que luego se pueda transmitir a nuestro organismo”.

Evidentemente y aunque sea mínimo, tener nuestro propio huerto urbano también implica un ahorro económico en nuestra alimentación. Cultivar nuestros propios vegetales nos garantiza también, no estar sujetos a los precios de mercado y a los monopolios agrícolas. “Al final te das cuenta de que a veces compras frutos que no son de temporada y que el impacto de ese fruto para llegar a tu mesa es gigante”.

“Si nos aproximamos al huerto con una visión productiva vamos a caer un poco en el engaño de los sistemas de cultivo industrial”

Juliana Maruri

Experta en Horticultura y Permacultura

Aún así Maruri, fundadora de la iniciativa de bolsas ecológicas Bagloop asegura que “si nos aproximamos al huerto con una visión productiva vamos a caer un poco en el engaño de los sistemas de cultivo industrial”. “Estos fertilizan a fondo para tener grandes cantidades de fruto, pero este fruto no tiene suficiente nutriente porque lo han hecho crecer en unos tiempos y condiciones que no son los que realmente la planta necesita” aclara Juliana durante una entrevista on-line con Plataforma ZEO.

Con una sola tomatera es posible producir varios kilos de tomates

Para ella lo que realmente importa no es el ahorro económico sino “el ahorro para el planeta en cuanto a huella de Carbono, energía y recursos consumidos que conseguimos con el autocultivo”. Aún así, explica que con una sola planta de tomate es posible producir kilos de tomates y con una aún más pequeña, por ejemplo, de tomates cherry, es posible alimentarse de tomates durante toda una temporada.

Evitar la huella de carbono del transporte

Una parte importante de la huella de carbono de los vegetales y hortalizas que consumimos tiene que ver con el transporte. Un ejemplo claro de ello es el último estudio realizado por Carbon Footprint Ltd que muestra las emisiones de CO2 generadas para que tengamos en nuestra nevera un paquete de aguacates de Perú, Chile o Sudáfrica.

Por cada dos aguacates consumidos en España provenientes de Sud Amércia se han generado 846 gramos de CO2, casi el doble del generado por un kilo de plátanos de Canarias. Como sucede con los aguacates, existen decenas de vegetales, frutas y hortalizas que provienen de la otra parte del mundo y que en la mayoría de ocasiones podemos producir y cultivar en España gracias al clima Mediterráneo.

Gracias al consumo de proximidad y el autocultivo podemos evitar hasta 300 kg de emisiones de CO2 al año, por persona

Evitando las frutas y verduras exóticas y apostando por los productos con certificado km0 – y no hay más quilómetro cero que el huerto instalado en nuestro jardín o terraza-, es posible reducir nuestra huella de carbono de forma significativa. En concreto el Observatori de Canvi Climàtic de Valencia, habla de un ahorro de casi unos 300 kg de CO2 anuales, por persona, gracias al consumo de proximidad y de temporada.

Reducir el uso de plásticos gracias al autocultivo

Si bien la mayoría de grandes superficies han iniciado ya planes específicos para reducir el uso de plásticos en los productos frescos como frutas y verduras, aún queda un largo camino por recorrer hacia una alimentación zerowaste.

Este es un problema que podemos conseguir evitar gracias al autocultivo. Los productos van desde nuestro huerto hasta nuestra cocina con tan solo unos pasos. Porque no hay nada más “cero emisiones” que esta actividad que además, supone también una experiencia única para hacer de forma comunitaria o en familia.

Con el huerto urbano aprendemos a respetar y valorar la naturaleza y llevamos a cabo un largo y cuidado proceso que culmina con los alimentos que una vez plantamos, cocinados en nuestro plato.

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