En el Día de la Tierra, desde Plataforma ZEO recordamos la importancia de frenar el cambio climático para así garantizar la habitabilidad de nuestro planeta. Desde hace años, la comunidad científica nos ha alertado de que, si superamos los 2ºC de incremento de la temperatura media respecto a la época pre-industrial, la Tierra llegará a un punto de crisis climática de no retorno.

Cómo si de una película de ficción se tratara, si no actuamos de inmediato, expondremos a la humanidad a tener que replantear alternativas de vida en el espacio o en otros planetas.

La conciencia climática es fundamental para lograr dar el paso hacia una economía y sociedad más sostenible. Pero el objetivo principal, es reducir a cero las emisiones de CO2 generadas por el ser humano: la economía fósil es incompatible con la salud y la supervivencia en la Tierra.

Y es que precisamente, la temperatura global de la Tierra empezó a incrementarse a principios del siglo XX, con la industrialización y la globalización del ser humano. Con la estandarización de la economía fósil, tanto para nuestro suministro energético, movilidad o extracción de materias primas (plástico, tejidos, poliéster, etc.), es lo que nos ha llevado a la situación de crisis climática a la que nos enfrentamos en la actualidad.

La temperatura global de la Tierra ha aumentado desproporcionadamente en las últimas décadas

El conocido proyecto “Show your stripes” del científico Ed Hawkins, muestra esta tendencia creciente de calentamiento global en el planeta.

En su página web es posible consultar la evolución de la temperatura media en cualquier parte del mundo desde finales del siglo XIX o principios del XX. En todos ellos, predomina un aumento de las temperaturas en los últimos años.

Las evidencias nos confirman que las partes heladas de la Tierra se está derritiendo. El 2014 fue el año más cálido a nivel global desde que se empezó a registrar la temperatura en el año 1880. Este aumento de la temperatura, provocado por el exceso de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la atmosfera, está dando pie a fenómenos meteorológicos extremos y cambios en el clima, que ponen en riesgo la salud y la vida en la Tierra.

Es importante tener en cuenta que, tal y como coincide el 97% de la comunidad científica, la responsabilidad del cambio climático reside en el hombre y la forma en la que explota la Tierra. Porque, aunque a lo largo de la historia ha existido una evolución climática natural de altibajos, los humanos han hecho que ahora estos se acorten más en el tiempo y las variaciones sean más extremas.

Nuestra actividad económica, producción y estilo de vida está generando un aumento desorbitado de la temperatura de la Tierra. Las principales consecuencias de este cambio climático son el deshielo de los polos, los cambios en las estaciones y los periodos de sequía o de lluvias intensas inusuales.

La subida del nivel del mar

En las últimas décadas, hemos perdido el 35% de la superficie helada del polo norte. Desde la década de los 70, fecha en que se comenzó a registrar el planeta por vía satélite, se aprecia de forma clara, la relación entre el aumento de la concentración de CO₂ en PPM (partes por millón), el aumento global de la temperatura y la superficie de hielo desaparecida.

La comunidad ha alertado de que, de seguir a este ritmo, en 81 años el Polo Norte desaparecerá. Esto impactará de forma muy directa a las comunidades que viven en Groenlandia, que necesitan el hielo para el transporte, la caza o la pesca. Los acontecimientos extremos, como, por ejemplo, las inundaciones debido al deshielo de las partes superficiales, pondrán en peligro la vida y el medio de subsistencia de estas personas.

De forma indirecta, el deshielo de los polos causará una progresiva y paulatina subida del nivel del mar. Un estudio realizado por más de 100 expertos a nivel internacional advirtió en 2019 que, si el calentamiento global de la Tierra alcanza los 3,4 ºC, el nivel de los océanos podría aumentar en 1,3 metros para 2100. En el caso de seguir con la misma tónica, el nivel superaría los cinco metros para el año 2300 y la Antártida y Groenlandia se quedarían sin hielo.

Según el estudio publicado en la revista Climate Atmospheric Science” incluso cumpliendo con los objetivos del Acuerdo de París 2015, manteniendo por debajo de los 2 ºC el aumento de la temperatura, en el 2300 los océanos se habrán elevado dos metros.

Son datos realmente preocupantes. Sobre todo, si tenemos en cuenta que alrededor del 10% de la población mundial se verá afectada por este cambio: unos 770 millones de personas viven por debajo de la línea del mar.

De hecho, en la actualidad, ya existen algunas regiones insulares afectadas por la subida del nivel del mar.  Las islas Carteret en el pacífico Sur y algunas islas del archipiélago de las Salomón, han desaparecido o están siendo evacuadas.

Cambios en el clima: Periodos de sequía y fenómenos climáticos extremos

El cambio climático está alterando el caudal de los ríos en todo el mundo y provocando cambios en las estaciones. Un reciente estudio publicado en marzo de 2021 reveló que las tendencias hidrológicas, es decir, el ciclo del agua, está siendo alterado por el cambio climático.

Los resultados de este estudio, muestran que, mientras que en algunas regiones los ríos se están secando y han perdido caudal, en otras se están volviendo más húmedos. El aumento del volumen de agua está provocando inundaciones en algunas zonas y localidades cercanas a las cuencas fluviales.

Estos fenómenos causados por el cambio climático, las inundaciones y las sequías, están poniendo en peligro la disponibilidad de este recurso. Debemos tener en cuenta que el sector agrícola depende en gran medida del agua de estos ríos y de las precipitaciones.

Por lo tanto, ya sea durante los periodos de sequía y calor extremo, como durante los periodos de lluvias intensas, las cosechas corren el riesgo de estropearse o de no poder crecer con normalidad. Este hecho pone en peligro a las comunidades que viven de la agricultura y genera una mayor inseguridad alimentaria en los países en vías de desarrollo.

Todos estos factores acaban causando migraciones climáticas masivas: las comunidades rurales que viven de la Tierra, se quedan sin recursos para subsistir y se mueven en busca de un nuevo lugar donde empezar.

Desforestación e incendios: Perdiendo la capacidad de absorber CO2

En las últimas décadas, también hemos perdido capacidad de absorber CO2. Al urbanizar, edificar y construir nuevas localidades y ciudades hemos perdido zonas de vegetación y bosques. Recordemos que los bosques son sumideros de carbono naturales, capaces de absorber grandes cantidades de CO2 de la atmosfera.

Según la Comisión Europea, también se consideran sumideros ciertas actividades como el uso de la tierra y la selvicultura. Ambas fueron incluidas en el Protocolo de Kyoto como Mecanismos de Flexibilidad y mitigación del cambio climático, gracias a su función de facilitar y contribuir al cumplimiento de los compromisos de reducción de emisiones.

Debido al calentamiento global de la Tierra, nuestros bosques y algunos ecosistemas naturales, que tienen un gran potencial de sumidero, están en peligro. También debido a otros factores externos como la deforestación o la mala gestión forestal, éstos están desapareciendo.

Además, en los últimos años también hemos sido testigos del aumento de la frecuencia de incendios devastadores. En 2019 Greenpeace ya alertó de esta tendencia: ese año tuvieron lugar algunos de los incendios más graves de la historia.

España, Grecia, Portugal y Estados Unidos vieron miles de hectáreas de bosques arder y las vidas de las comunidades cercanas peligrar.

¿Sabías que…?

Según un estudio realizado en la Universidad de Leeds, si se utilizase la bicicleta eléctrica para sustituir al coche, en Inglaterra se podría llegar a reducir las emisiones de CO2 hasta 30 millones de toneladas al año.

Una cantidad que equivale a la mitad de las emisiones generadas por los automóviles actualmente.

En los incendios de California de 2018 se perdieron 42.000 hectáreas de bosque

Por ejemplo, los incendios de California sucedidos en noviembre de 2018 provocaron la evacuación de 38.000 personas, cinco muertes, alrededor de 42.000 hectáreas de bosque calcinadas y más de 1340 estructuras destruidas (viviendas, comercios, escuelas, etc.)

Para la comunidad y la lucha climática, un incendio es un pez que se muerde la cola.

Cada vez que se quema un bosque sus árboles liberan CO2 y contribuyen al calentamiento global. Por otra parte, la subida de las temperaturas y la falta de lluvia producidas por el cambio climático, incrementan el riesgo de incendios forestales. A todo esto, debemos añadir que, cada vez que perdemos un bosque, perdemos un gran sumidero de CO2 y la capacidad de capturar CO2 de miles de árboles.

Por este motivo, es fundamental empezar a reducir emisiones, bajar la temperatura del planeta, y así reducir el riesgo de incendio, y establecer planes para proteger y conservar los bosques.

¿Cuál es la solución a todos estos problemas?

Una vez analizadas todas las consecuencias del cambio climático y los efectos que tendrá el mismo sobre la Tierra en los próximos años, debemos afrontar el problema con un prisma optimista.

Todos estos fenómenos climáticos y futuros riesgos para la Tierra, podrían revertirse si la sociedad lleva a cabo una auténtica descarbonización de la economía. Aunque evidentemente, no será un cambio de un día para otro, es vital empezar a actuar para llevar a cabo esta migración a la economía y sociedad cero emisiones.

Nosotros, como ciudadanos de a pie, también podemos contribuir a la aceleración de esta transformación verde. Como consumidores, tenemos el poder de premiar o beneficiar a unas marcas u empresas con nuestras decisiones o dictar las tendencias del mercado.

En este sentido, en el Día de la Tierra, desde Plataforma ZEO os retamos a realizar 4 cambios clave en vuestra vida diaria para poder empezar a contribuir verdaderamente a la acción climática y cuidar el planeta.

  • Contar con un suministro energético renovable. Ya sea mediante una comercializadora de energía verde o bien pasándose al autoconsumo.

 

  • Reducir el consumo de carne. Reduciendo nuestro consumo de carne a dos veces por semana, nuestra huella de carbono se reduciría alrededor de 1,3 toneladas al año.

 

  • Limitar el consumo de moda. El fast fashion contribuye de forma decisiva al cambio climático. Un 11% de las emisiones globales GEI provienen del sector textil. Confiemos en la moda circular.

 

  • Apuesta por la movilidad ZEO (cero emisiones). El vehículo convencional pronto tendrá vetada la entrada en las grandes ciudades. Existen alternativas como la bicicleta o el patinete eléctrico, los sistemas de bicicleta de alquiler municipal, la compra o renting de un coche o moto eléctrica. Y, por supuesto, el uso del transporte público.

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