La crisis de la COVID-19 nos ha demostrado que, realizando algunos cambios en la forma de vida y el consumo de la sociedad, es posible llegar a cumplir con los objetivos de reducción de emisiones exigidos por la ONU y así cumplir con el Acuerdo de París 2015.

Tal y como apunta la responsable de Cambio Climático de Greenpeace Tatiana Nuño, “Ahora tenemos la oportunidad para afrontar una reconstrucción socioeconómica del planeta basada en actividades e inversiones económicas en línea con los objetivos del Acuerdo París 2015”.

El papel de la moda en el cambio climático

Y frente al reto de efectuar una salida verde de la crisis, la industria de la moda tiene una gran responsabilidad. Y es que este sector económico es responsable de al menos el 8% de las emisiones GEI que provocan el cambio climático y del 20% de la huella hídrica del planeta. Además, según el Institution of Mechanical Engineers el 35% de los microplásticos que contaminan nuestros océanos proceden de los textiles y fibras sintéticas utilizadas para confeccionar nuestra ropa.

Actualmente la popularización del fast fashion o moda rápida, supone un problema ambiental que amenaza al planeta desde sus inicios en la década de los 80. Este modelo de negocio que ahora siguen la mayoría de marcas del sector retail, basa su producción en incrementar el número de colecciones anuales para satisfacer las demandas del consumidor y así vender más.

Las tendencias que emergen en las pasarelas rápidamente llegan a las tiendas y a los armarios de los consumidores y, en poco tiempo, después del lanzamiento de una nueva colección, acaban en la basura. Con el fast fashion, el ciclo de vida útil de la ropa se reduce, sobre todo teniendo en cuenta que para abaratar el coste final del producto, se utilizan fibras sintéticas mucho más sensibles al desgaste y mucho más contaminantes.

Tres quintas partes de la ropa producida acabará en vertederos en el plazo de un año

Según la fundación Ellen McArthur, el 87% de la ropa que no usamos acaba incinerada en vertederos y solo 1% acaba siendo reciclada para hacer nuevas prendas de ropa. Tres quintas partes de toda la ropa producida acaba en vertederos o incinerada en el plazo de un año a partir de su fabricación.

Conociendo la huella ambiental de esta industria en el planeta, ¿no va siendo hora de migrar a una moda más sostenible?

En los últimos años, las marcas de gran consumo han empezado a adoptar la sostenibilidad

Algunas compañías llevan años trabajando para migrar a un modelo económico de la industria de la moda mucho más sostenible. Si bien algunas nuevas marcas creadas durante última década como Ecoalf, Veganized o Green Forest Wear, ya tienen la sostenibilidad incorporada como sello distintivo en todo su proceso de producción, cada vez más marcas de gran consumo están trabajando por incorporarla progresivamente en su oferta.

Inditex, Desigual, H&M, Uniqlo o Asos son algunas de las grandes marcas que en los últimos años han ido integrando colecciones eco-friendly y lanzado iniciativas verdes para reducir su huella ecológica.

Y esta tendencia cada vez será más necesaria después de los efectos que la crisis del COVID-19 ha tenido en el modelo de consumo. Durante el estado de alarma global, la mayoría de empresas del sector retail han visto paralizada su producción debido a que estaba descentralizada en países en vías de desarrollo como la India y Bangladesh. También han visto caer buena parte de sus ventas a causa del cierre de las tiendas.

Esto ha dado pie a un importante replanteamiento de conceptos como las temporadas o la posibilidad de volver al sourcing local y mover su producción a fábricas ubicadas en el mismo territorio. Durante el periodo de crisis del COVID-19, grandes diseñadores de marcas como Armani, Gucci y St Laurent ya han expresado que van a poner fin del sistema de las temporadas.

Tras la crisis del COVID-19 las colecciones se limitarán a dos al año

Después de la cancelación de los eventos más importantes de moda del año, celebrados tradicionalmente en los meses de junio y julio, las grandes casas de diseño han empezado a reconsiderar avanzar hacia una industria más sostenible, que genere menos desperdicio de materiales y reduzca la contaminación por viajes y el derroche.

A partir de ahora las colecciones se limitarán a dos al año, una nueva tendencia que augura el fin del fast fashion y la saturación del mercado con ropa que no tardará más de un año en ser desechada, prometiendo de esta forma un ciclo de vida mucho más largo para nuestras prendas de ropa.

Las marcas de moda que abandonen la sostenibilidad corren el riesgo de desaparecer

Esta nueva tendencia se ve reforzada por los resultados del estudio “Tejiendo un futuro mejor: Reconstruyendo una industria de la moda más sostenible después del Covid-19″ publicado por investigadores del Boston Consulting Group (BCG), la Sustainable Apparel Coalition (SAC) y la empresa de tecnología Higg Co. Este documento demuestra que las marcas que abandonen sus objetivos y acciones de sostenibilidad corren el riesgo de desaparecer en los años venideros.

Uno de los apuntes más relevantes que realiza este análisis sobre el futuro económico de la moda es que las empresas deberán acelerar sus progresos en materia de sostenibilidad para poder ser competitivas en el nuevo mercado post-covid19.

Esto implica seguir trabajando para reducir las emisiones de CO2 derivadas de su actividad, reducir la huella hídrica, apostar por la economía circular en sus prendas o las fibras orgánicas, y aumentar la ambición climática de forma transversal.

Tras el COVID-19 las marcas que apuesten por la sostenibilidad tendrán ventajas competitivas

Según este estudio, un requisito indispensable para hacer frente a la recuperación económica tras la crisis COVID-19 es replantear los objetivos a largo plazo que conforman la estrategia de las marcas de moda.

Tal y como ha declarado Sanjeev Bahl, fundador y director ejecutivo de Saitex a Fashion United, “la pandemia nos ha obligado a todos a dar un paso atrás y a replantear nuestras prioridades. Un punto clave que ha surgido es que un nuevo modelo transparente que muestre prácticas sostenibles verificadas, tendrá ventaja sobre otros modelos comerciales tradicionales“.

Y es que el vínculo entre sostenibilidad y éxito comercial cada vez es más fuerte. La ambición climática durante el periodo de reconstrucción verde es fundamental para que las marcas se adelanten a las demandas de los consumidores. La sociedad cada vez tiene más conciencia climática y exige la misma actitud y valores en las marcas que consume.

Actualmente nueve de cada diez consumidores de la Generación Z creen que las empresas tienen la responsabilidad de actuar para hacer frente el cambio climático. Además, según una encuesta publicada por Oney, el 85% de los consumidores españoles están dispuestos a pagar más por aquellas marcas que demuestren su compromiso con el medio ambiente y la sostenibilidad del planeta.

Sin duda todo apunta a una paulatina desaparición del fast fashion y un auge de la moda sostenible acelerado por la crisis del COVID-19. Los efectos del cambio climático, que cada vez son más visibles, nos hacen pensar en la necesidad de frenar la marcha y trabajar por una sociedad más ZEO. Suscribiendo las palabras del gran diseñador Giorgio Armani, “hay que ahorrar, y hacer más y mejor con menos”.

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