Para muchos el plástico es solo un residuo. Un residuo que se acumula en nuestras playas y fondos marinos, que se cuela en nuestras bebidas y alimentos en forma de microplásticos, o un residuo abandonado en vertederos, dónde se descompone pasados de 50 a 500 años -dependiendo del tipo de plástico del que estemos hablando-.

Aunque hay un aspecto del plástico que poca gente tiene en cuenta: su huella de carbono. Como es bien sabido y difundido por la comunidad científica, la principal causa del cambio climático es la subida de la temperatura planetaria debido a un exceso de diferentes Gases de Efecto Invernadero (sobre todo del CO2). La economía actual está basada en la explotación de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo, los mayores emisores de CO2 del planeta.

Y ahora bien, ¿Dónde entra el plástico en todo esto? Aunque en una menor medida, el plástico también contribuye al calentamiento global del planeta. El plástico destinado a la fabricación de bolsas, botellas, packagings o envases como champús, puede generar emisiones de tres formas diferentes. Durante su producción, durante el reciclaje y al degradarse en entornos naturales. Los plásticos además de contaminar los ecosistemas naturales poniendo en riesgo la fauna y la flora terrestre, dejan una huella de carbono a su paso.

1. Producción de plásticos

 

Los plásticos son materiales derivados de hidrocarburos como el gas natural o compuestos orgánicos como el petróleo. Para ser producidos, deben pasar por todo un proceso de destilación en una refinería. Es en ese proceso, donde se generan diferentes polímeros compuestos por monómeros como el etileno o el propileno. Esencialmente los plásticos se dividen en dos categorías, los termoplásticos que se ablandan con el calor y se endurecen con el frío, y los termoestables, que nunca se ablandaran una vez cojan forma.

Entre los termoplásticos se encuentran aquellos más susceptibles a ser reciclados como el polipropileno, el poliestireno o el teflón. Entre los termoestables, el plástico utilizado en menaje de cocina, mobiliario y hogar.

Aprendida la parte técnica ahora cabe preguntarse ¿Y dónde está la huella de carbono en todo esto? Tanto en el proceso de separación y obtención de la materia virgen, en la refinería, como durante el posterior proceso de fabricación del producto final, se generan emisiones de CO2. Para obtener la grazna con la que después se da forma a botellas, latas y otros envases se genera una huella de carbono irreversible.

Para fabricar un kilo de plástico de cero se emiten 3,5 kg de CO2

El principal problema del plástico, además de su lenta degradación, es que para elaborarlo se utilizan energías no renovables. Por cada kilogramo de plástico que se fabrica desde cero, se emiten unos 3,5 kg de CO2 a la atmósfera. Según el informe del Centro Internacional de Ley Ambiental, en la actualidad la producción de plástico supone el 3,8% de las emisiones de carbono y se calcula que para el año 2050 va a ser responsable del 13% de ellas.

Los datos recogidos en el informe alertan que “la existente economía del plástico es fundamentalmente inconsistente con el Acuerdo de París”. Con la producción actual de plástico es imposible conseguir mantener por debajo de los 2ºC el aumento de la temperatura del planeta. 

2. Reciclaje de plásticos

En los últimos 20 años la práctica del reciclaje ha calado en nuestra sociedad. Cualquier sociedad occidental cuenta con un Plan de gestión de residuos regulado por los gobiernos. En España, este proceso se regula desde 2011 por la Ley 22/2011 y el Real Decreto 833/1988, que está dedicado a la gestión de Residuos Tóxicos y Peligrosos.

Algunos residuos que generamos en nuestra vida diaria son más fáciles de reciclar que otros. Por ejemplo materiales como el papel o el vidrio, requieren de menor energía, tiempo y costes para ser transformados en nuevos productos. El plástico, por el contrario, es uno de los residuos más difíciles de reciclar.

Para fabricar un kilo de plástico reciclado se emiten 1,7 kg de CO2

Aún así, teniendo en cuenta la demanda de plásticos, siempre supone una menor huella de carbono fabricar un producto con plástico reciclado que fabricarlo desde cero. Para fabricar un kilogramo de plástico de cero emite unos 3,5 kg de CO2 a la atmósfera, mientras que por cada kilo de plástico que fabricamos con materia reciclada emitimos 1,7 kg de CO2.

Al evitar la primera fase del proceso de producción, la que se realiza en la refinería, reducimos la huella de carbono un 49%. Si lo extrapolamos a grandes cantidades, para fabricar 1 tonelada de plástico desde cero estaríamos emitiendo 3.500 kg de CO2, mientras que si lo hacemos con plástico PET emitiríamos 1.700 kg. Fabricar dos kilos de plástico tiene una huella de carbono mayor, que las generadas por el uso medio de un vehículo de gasolina durante 40 kilómetros (6,4 kg de CO2).

Teniendo en cuenta que la cultura de “usar y tirar” aún impera en la mayoría de sociedades, el reciclaje resulta la mejor opción para darle una segunda vida a residuos que acabarán abandonados en vertederos tardando un largo tiempo en degradarse. Y es que tal y como ilustra Ecoembes en su página web, con el reciclaje de 40 botellas de plástico PET podemos fabricar un forro polar, con el de 80 latas de refresco, una llanta de bicicleta. Unos 8 botes de conservas se pueden transformar en una olla de cocina y 550 latas de aluminio en una silla.

Aunque el reciclaje es una potente solución para darle una segunda vida a los residuos plásticos y reducir la huella de carbono de esta industria, la mejor opción para eliminar por completo estas emisiones es no fabricar este tipo de materiales. La nueva corriente #zerowaste propone volver a los inicios, reducir la compra de los productos envueltos o fabricados en plástico mediante la compra en comercios de proximidad, tiendas a granel o buscando en tiendas o supermercados la opción más libre de plástico. 

 

Algunas soluciones #zerowaste para conseguir reducir las emisiones de nuestro consumo diario asociadas a los plásticos pueden ser comprar los alimentos en envases de vidrio, llevar con nosotros bolsas de tela reutilizables o bolsas de malla para las frutas, optar siempre por aquellos productos que vengan en envase de cartón, buscar marcas con el sello ECO en sus productos…

3. Degradación

España es el cuarto país de la Unión Europea con mayor demanda de plásticos, donde hasta el 50% de los mismos acabaron en vertederos en 2016. Cada ciudadano utiliza al año una media de casi 400 bolsas de plástico, de las que apenas un 1% son reutilizadas. Greenpeace recoge en un informe datos poco favorables para la lucha contra el cambio climático. En España solo se recicla un 33% de la basura doméstica y en algunas ocasiones, aunque reciclemos de forma correcta los residuos plásticos qué generamos, no está garantizado que estos vayan a tener una segunda vida útil.

El 80% de los envases acaban en vertederos, incinerado o arrojados al medio ambiente

Tal y como denuncia el informe de Greenpeace existen varios problemas que dificultan el reciclaje del total de plásticos que llegan a las Plantas de Tratamiento de Residuos:

  • Desconocimiento del tipo de residuo. En alguna ocasión es posible confundirse a la hora de saber en qué contenedor va cada uno de los residuos que generamos. Si depositamos un residuo  plástico en un contenedor que no toca, eliminamos la posibilidad de que esta materia se recupere. Aquí tienes 5 apps que te pueden ayudar con esto.
  • Gestión ineficiente. En algunos municipios o zonas con pocos recursos, la gestión y el tratamiento de residuos no está lo suficiente desarrollada para afrontar el proceso de recogida y separación de residuos para su posterior reciclaje.
  • Plásticos imposibles de reciclar. Los envases que contienen PVC y otros materiales compuestos por varios plásticos son desechados de la cadena de reciclaje. También los envases plásticos inferiores a 100 mm, como yogures, monodosis hosteleras, pajitas, tapones son considerados como materia orgánica, y sacados del circuito de reciclado.

El mayor problema es que casi el 80% de los envases acaban en vertederos, incinerados o arrojados al medio ambiente. En la memoria anual del MITECO de 2016, se descubren unos datos un tanto alarmantes: De las 21 millones de toneladas de residuos de competencia municipal que se recogieron, 11 millones acabaron en vertederos, el 57,3%.

Todo este problema de base repercute negativamente en la lucha frente el cambio climático y en el objetivo de ser ZEO para 2050. Y es que los residuos abandonados, sobre todo los plásticos, generan Gases de Efecto Invernadero (GEI) al degradarse. Los gases GEI como el metano o el dióxido de carbono, son los que provocan el calentamiento global del planeta Tierra.

Investigadores de la Universidad de Hawái descubrieron hace poco más de un año que los plásticos más comunes emiten trazas de metano y etileno una vez expuestos a la luz solar. El policarbonato, acrílico, propileno, polestireno y el polietileno con el que están hechos la mayoría de envases de alimentos, artículos de plástico y textiles, generan una huella de metano perjudicial para reducir el calentamiento global de la Tierra.

“Nuestros resultados muestran que los plásticos representan una fuente hasta ahora no reconocida de gases traza relevantes para el clima que se espera aumente a medida que se produce y acumula más plástico en el medio ambiente”, concluye el estudio.

El uso de plásticos es incompatible con la idea de conseguir una sociedad ZEO- cero emisiones-. En una era plagada de avances tecnológicos y con la voluntad y el activismo climático que está surgiendo entre los más jóvenes con movimientos como Fridays For Future, deben empezar a surgir medidas y alternativas que pongan fin a la economía del plástico. Prohibir definitivamente los plásticos, premiar aquellas iniciativas que supongan una alternativa más económica y menos costosa a nivel de recursos, crear una nueva cultura basada en la reutlización y el residuo cero, podrían ser principios a seguir en la nueva era de lucha climática contra este ignorado enemigo del cambio climático.

Este sistema tan popular y sencillo de almacenaje de alimentos, objetos, materiales industriales, textiles… es inadecuado para una sociedad que aspira a una reconciliación inmediata con el planeta Tierra y la fauna y flora que lo habita.

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