Si la palabra feminismo aun suscita cierta polémica entre nuestra sociedad, ¿imagináis si le añadimos la palabra ecologismo?

A mediados del siglo XX, el ecofeminismo emergió como un ideal y/o movimiento que plantea una conexión entre la naturaleza y las mujeres; partiendo de la base de que ambas padecen algún tipo de opresión por parte del mismo opresor. Con la segunda oleada del feminismo nació un ‘nuevo término para designar un saber antiguo’ aseguran las ecofeministas Vandana Shiva y Maria Mies en su obra Ecofeminismo, publicada en 1993.

Las mujeres fueron las primeras en protestar contra la destrucción del medio ambiente. Su temprana preocupación por la cuestión climática y su contribución a la divulgación y el conocimiento científico es mayúscula.

Maria Telkes ideó las primeras células solares fotovoltaicas modernas

Pudimos verlo en 1962, con la publicación de la obra Primavera Silenciosa de la mano de Rachel Carson. Esta bióloga fue la primera en difundir las perjudiciales consecuencias del uso de pesticidas no orgánicos para los ecosistemas y el planeta. En 1929, la científica húngara asentaba las bases para la creación de las primeras células solares fotovoltaicas modernas. Años más tarde, su descubrimiento permitiría a miles de hogares abandonar su dependencia a los combustibles fósiles.

Aunque esta aportación ya fue visible mucho antes, en el siglo XIX, Eunice Foote se convirtió en la primera científica que teorizó sobre el cambio climático. Foote, que también fue una de las fundadoras de la Seneca Falls Convention –la primera asamblea en la que se debatieron los derechos de la mujer-, elaboró una teoría científica que demostraba que la concentración de CO2 en la atmósfera podía provocar un aumento de la temperatura de la Tierra.

En la actualidad, observamos esta creciente tendencia ecofeminista a través de grandes iconos del nuevo movimiento por la lucha climática: Greta Thunberg y Katharine Hayhoe, Naomi Klein, Vandana Shiva, Whangari Maatai, etc. Cada vez es más evidente que la lucha climática tiene nombre de mujer.

El Ecofeminismo: ¿Cuáles son sus valores principales?

Históricamente, las mujeres han llevado a cabo grandes aportaciones científicas y sociales para la lucha contra el cambio climático y la preservación del medio ambiente y del planeta Tierra.

En 1979, la fusión accidental del núcleo del reactor de Three Mile Island, en EEUU, impulsó a un gran número de mujeres a reunirse en la que sería considerada años después, como la primera conferencia ecofeminista de la historia: ‘Mujeres y Vida en la Tierra: Conferencia sobre el ecofeminismo en los ochenta”.

Según Mary Mellor, una de las autoras de referencia en el área del ecofeminismo, este movimiento trata de explicar la conexión entre la explotación y la degradación del mundo natural y la subordinación y la opresión de las mujeres. El ecofeminismo, “Del movimiento verde toma su preocupación por el impacto de las actividades humanas en el mundo inanimado y del feminismo, toma la visión de género de la humanidad, en el sentido que subordina, explota y oprime a las mujeres”.

Las mujeres y la naturaleza han sido dos sujetos menospreciados y maltratados históricamente

Básicamente, el ecofeminismo pone en valor las mujeres y la naturaleza, como dos sujetos “menospreciados” y maltratados históricamente a base de discursos ideados por “hombres blancos y occidentales”. Tanto el machismo, como la destrucción del planeta deben dejar de ser contemplados como leyes naturales e inalterables.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Rurales celebrado a principios de octubre de 2020, CCOO de Castilla y la Mancha celebró un encuentro para difundir la importancia del Ecofeminismo, como una herramienta para combatir la crisis económica, ambiental y de despoblación. Y es que según ONU Mujeres, las consecuencias del cambio climático están exacerbando las desigualdades de género arraigadas en la sociedad.

Durante las situaciones de crisis, las mujeres y las niñas son las últimas en comer o en ser rescatadas y las que se enfrentan a un mayor riesgo de salud y seguridad en momentos de falta de recursos hídricos. Además, en muchos países en vías de desarrollo, es este colectivo el que se encarga de transportar el agua, el combustible y las provisiones de alimentos.

Los informes oficiales de la ONU han demostrado que un aumento de los periodos de sequía en este tipo de países, ocasiona una mayor violencia contra las mujeres, mortalidad materna, más casos de matrimonio infantil, infecciones, hambre y pobreza.

Por este motivo, durante la 3ª Jornada de Mujeres Rurales de Castilla La Mancha se insistió en que la salida de esta crisis de la COVID-19, debe hacerse con “perspectiva de género, sin permitir ni un mínimo retroceso en el camino que llevamos recorrido hacia la igualdad”. El ecofeminismo es el mejor instrumento para lograr avanzar en justicia social hacia un futuro más digno, sostenible, justo e igualitario.

“La salida de la crisis de la COVID-19 debe hacerse con perspectiva de género”

3ª Jornada de Mujeres Rurales

Para conseguir construir una sociedad más ZEO -cero emisiones-, las mujeres deben ocupar un importante papel como agentes y motores del cambio en condiciones de igualdad. Este cambio será beneficioso para todos, hombres y mujeres.

Principales peticiones y retos del ecofeminismo

La crisis sanitaria de la COVID-19, también ha hecho evidente la necesidad de acabar con el sistema de consumo masivo y rápido, que ha llevado al planeta a sus límites pasando por encima de los colectivos más vulnerables. Una de las soluciones más polémicas acuñadas por el movimiento ecofeminista es reducir voluntariamente la población teniendo un número menor de hijos.

Según explicó la profesora y ecofeminista Marta Tafalla, durante los Debates de Pedralbes organizados por el diario Ara, la sobrepoblación humana actúa como una plaga para la Tierra y la destrucción de los ecosistemas: actualmente sólo un 4% de los mamíferos son salvajes. La demanda de energía es cada vez mayor y según la ONU, son las mujeres las que soportan de forma desproporcionada la carga de la pobreza energética.

Por este motivo, es fundamental empoderarlas y establecer programas que les permitan tener acceso a la energía limpia, al agua potable y crear sistemas que les permitan reforzar sus mecanismos de respuesta ante los desastres climáticos.

Recogiendo las palabras de la activista por el clima Wangari Maathai, “tenemos que conservar el medio ambiente para que nuestras hijas y nuestros hijos disfruten de un mundo sostenible que beneficie a todas las personas. Se lo debemos a nuestra generación, y también a la próxima generación.”

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