Dentro de unos años, cuando volvamos la vista atrás, el 2020 no será recordado como el año de la crisis climática, si no más bien el de la crisis sanitaria. Pero a pesar de cómo ha afectado la pandemia a nuestra economía y a la sociedad, la previsión es que, en unos pocos meses dispongamos de una vacuna que acabará definitivamente con la curva de contagios.

Sin embargo, por el momento, no contamos con ninguna vacuna o fórmula mágica que nos permita detener el calentamiento global de la Tierra de forma inmediata. Es imposible detener las emisiones GEI que provocan el cambio climático de forma instantánea. Por este motivo, durante la COP25 la mayoría de países se comprometieron a ser ZEO para el próximo 2050.

Aunque este año será recordado como el año de la COVID-19, un periodo en el que todas las campañas políticas, la economía e incluso las políticas verdes quedaron paralizadas, es fundamental recordar que las consecuencias del cambio climático siguen aumentando y cada vez son más visibles y peligrosas.

Por ello, desde Plataforma ZEO hemos recopilado las evidencias de la gravedad de este fenómeno que han tenido lugar este 2020.

Aumento del nivel del mar

El nivel del mar está subiendo. El incremento de la temperatura planetaria da pie al deshielo de los polos, lo que se traduce en un aumento paralelo del nivel del mar.

Un estudio publicado en mayo en el Climate Athmospheric Science alerta de que si no reducimos las emisiones y la Tierra se calienta 3,5ºC, el nivel del mar podría aumentar hasta 1,3 m. Esto dejaría sepultadas bajo el agua, centenares de ciudades de todo el mundo y pequeñas islas del pacífico.

Antes de que acabe el siglo XXI podríamos perder ciudades como Shanghái, Los Ángeles o Barcelona. Otro estudio publicado en la revista PNSAS, alerta de que el nivel del mar podría alcanzar los dos metros para 2100 si no se reducen las emisiones GEI que provocan el cambio climático.

La humanidad perdería alrededor de dos millones de kilómetros cuadrados de tierra, una superficie tres veces el tamaño de España.

Fenómenos atmosféricos extremos

A lo largo de este año 2020 hemos visto cómo crecían los fenómenos climáticos extremos alrededor de todo el mundo. En España hemos vivido episodios como la borrasca Gloria o la borrasca eléctrica Alex en Cantabria. Sin embargo, la intensidad de los fenómenos climáticos extremos causados por el cambio climático ha sido mucho mayor en otros países y regiones cercanas al Atlántico.

 Un ejemplo de ello son los tres tifones sucedidos a lo largo del mes de octubre en Filipinas, que han causado al menos 150 víctimas y que el país se plantee declarar la Emergencia Climática a nivel estatal. También el huracán Iota, que ha provocado la muerte de 38 personas en Centroamérica.

La comunidad científica apunta a que este tipo de temporales extraordinarios tienen una relación directa con la subida de las temperaturas en el Ártico. Según recoge el reportaje de DW sobre el “Éxodo climático”, hoy en día hay más refugiados a causa del cambio climático que de las guerras.

Y es que, según el Banco Mundial, si el calentamiento global continúa, en 2050 habrá en el planeta 180 millones de refugiados climáticos. La ONU alerta de que los últimos 50 años, los fenómenos climáticos relacionados con el tiempo, el clima o el agua han causado más de 11.000 catástrofes: provocando 2 millones de víctimas mortales y pérdidas económicas de hasta 3,6 billones de dólares.

Incendios forestales

En los últimos años hemos visto incrementar el número de incendios alrededor de todo el globo. La subida de las temperaturas, con el ambiente excesivamente cálido y la sequedad, contribuyen a la proliferación de los incendios.

Desde el mes de julio hasta el mes de septiembre de este 2020, España ha sufrido una ola de incendios en las provincias de Albacete y Ourense. El 13 de septiembre, los diez incendios forestales que azotaron Galicia de manera descontrolada calcinaron alrededor de 4.000 hectáreas de bosque.

Los incendios no sólo han aumentado en España. En el parque natural de Yosemite en California (EEUU), se perdieron alrededor de 18.000 hectáreas de esta zona montañosa nombrada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Los climatólogos achacaron el incendio a las elevadas temperaturas que había sufrido la región días antes, alcanzando los 47ºC.

Este año 2020 regiones como la de Anglet, en el sur de Francia, Paraná, en Argentina, y los incendios descontrolados en Siberia y Alaska, son un ejemplo de la urgente necesidad de migrar a una economía y sociedad ZEO. Reduciendo las emisiones lograremos mantener por debajo de 1,5ºC el calentamiento global del planeta.

Elevadas temperaturas: Sequías y olas de calor

Tal y como predijo la ONU a principios de año, este 2020 ha sido un año plagado de olas de calor y temperaturas extremas. El 30 de agosto de 2020, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) emitió un comunicado alertando de una inminente ola de calor.

Se registraron temperaturas extremas alrededor de toda España, algunas ciudades llegaron al récord de temperatura máxima desde que comenzaron los registros en el año 1955. En el Aeropuerto de Donostia las temperaturas llegaron a los 42ºC, meses antes Burgos supero su récord a los 38ºC y Palma de Mallorca llegó a su registro más elevado de temperatura máxima con 40,6ºC.

En algunas de las regiones y zonas del mundo más cálidas, en las que la agricultura es el medio principal de subsistencia, las sequías provocadas por el cambio climático están dando lugar al éxodo de personas.

Este 2020 las emisiones GEI se han reducido entre un 4 y un 7%

Aunque se estima que este año, las emisiones de CO2 se reducirán entre un 4 y un 7% estimado debido a las políticas de confinamiento de la COVID-19, no debemos confiar en este avance momentáneo. Toda la sociedad debe actuar para ser ZEO y reducir las emisiones liberadas a la atmosfera.

Las administraciones y las empresas tienen una gran parte de la responsabilidad a la hora de conseguir este cambio. Aun así, las personas también podemos reducir nuestra huella de carbono y actuar para poner fin a la crisis climática.

No hay que perder la esperanza: las cosas están cambiando y las políticas verdes tienen una buena dirección. China, EEUU -ahora con Biden-, la Unión Europea, el mundo financiero y las principales empresas mundiales están priorizando sus estrategias de sostenibilidad y actuando en muchos frentes para reducir las emisiones.

Cada vez hay más científicos que la vinculan la pandemia al calentamiento global. Aunque el reto es mayúsculo más que preocuparnos, debemos ocuparnos. Todos podemos contribuir.

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