En la actualidad las fallas que se queman durante la festividad valenciana están fabricadas con polietileno. Se trata de un material derivado del petróleo, un plástico que al quemarse genera emisiones de CO2 y contribuye al calentamiento global del planeta. Además al quemarse, las fallas de polietileno generan humos tóxicos altamente perjudiciales para la salud.

Para poder seguir manteniendo esta festividad tan tradicional teniendo en cuenta los nuevos retos de reducción de emisiones y la futura prohibición del polietileno por parte de la Unión Europea, salen a la luz unas nuevas fallas ecológicas. Un profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, Rubén Tortosa, lleva desde 2011 trabajando en unas nuevas fallas construidas mediante impresora 3D y hechas de paja de arroz, que podrían ser las fallas del futuro.

La UPV, quien financió el proyecto con una primera ayuda de 8000, se encargó de patentar estas fallas ecológicas tan ZEO en 2018. El año pasado algunas comisiones se atrevieron con fallas parcialmente producidas con materiales orgánicos, este 2019, solo dos fallas de Valencia contaran con ninots elaborados con paja de arroz. Son la falla infantil de la plaza del Ayuntamiento, y la de la comisión Menorca-Luis Bolinches.

Rubén Tortosa decidió utilizar este material puesto que cada año, durante la recogida de arroz en otoño, se generan unos restos fruto de la siega de arroz. El profesor se planteó utilizar esta biomasa -los restos de paja de arroz-, que se quema anualmente y de forma cíclica, para construir fallas y quemarlas el 19 de marzo. Con esta nueva falla, “en vez de quemar un material de origen fósil y de origen plástico, se quema un material de origen biológico que es neutro en emisiones” asegura Laura Jarauta, licenciada en ingeniería industrial especializada en medio ambiente.

Con las fallas de paja de arroz se aprovechan residuos orgánicos y se evitan emisiones

“Si bien es cierto que las fallas fabricadas con paja de arroz también emiten CO2, en el caso del polietileno hablamos de tirar a la atmósfera emisiones de un CO2 de hace miles de años”. Jarauta asegura que “en el caso de la paja de arroz, hablamos de un CO2 que no altera el contenido actual de la atmósfera porque entra en el ciclo corto del carbono”.

De esta forma es posible catalogar las fallas ecológicas de fallas “neutras en emisiones”. Si este nuevo estándar de creación de fallas se popularizara, se estarían aprovechando unos residuos que se iban a incinerar igualmente, y se estarían evitando las emisiones derivadas del polietileno –un material perteneciente al ciclo largo de carbono-.

Para popularizar las fallas ecológicas es necesaria la implicación del sector privado

De momento, el equipo de Rubén Tortosa solo espera que el sector privado sea capaz de sumarse a esta alternativa ecológica. El profesor asegura que sería necesario que una empresa privada  empezase a fabricar estas fallas y que así todos los artistas pudiesen sumarse al cambio. Con una producción mínima en un laboratorio de la UPV, no hay suficiente para abastecer a todas las comisiones falleras. Además, el hecho de que ahora mismo la paja de arroz sea más cara y hayan conseguido hacerla más ligera y consistente para los artistas, también dificultan la transición hacia este nuevo formato de fallas ecológicas.

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