Este verano, las consecuencias de la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19 darán pie a un menor impacto ambiental de la temporada vacacional en el planeta. Las medidas de cautela y de prevención, marcadas por el Ministerio de Sanidad y/o las Comunidades Autónomas, limitarán la movilidad turística y restringirán algunas actividades de ocio estival, como los parques de atracciones o los festivales musicales.

Además, las autoridades sanitarias recomiendan evitar la movilidad en avión y viajar a núcleos turísticos con grandes aglomeraciones de gente. Ambos condicionantes, implicarán una reducción de las emisiones de GEI que provocan el cambio climático durante estos meses, con respecto a años anteriores.

Aunque este verano la sociedad reducirá parte de su huella de carbono al no viajar en avión, existen emisiones vinculadas a nuestra actividad diaria que podemos evitar.

La Huella de carbono en verano

En verano corremos el riesgo de incrementar nuestras emisiones debido al uso de aire acondicionado o el ventilador. Al estar más en casa, también aumentamos el consumo eléctrico de todos los aparatos electrónicos (televisor, cargadores, secador de pelo, el lavavajillas, el horno, la secadora…).

Si el suministro energético proviene de fuentes renovables evitamos el incremento de nuestra huella de carbono en verano

Si el suministro energético de nuestro hogar proviene de fuentes de energías renovables, este riesgo se elimina por completo. De todas formas, si no realizamos un consumo energético consciente, buscando la eficiencia energética, veremos crecer nuestra factura de la luz a cifras astronómicas a final de mes.

Pese a que durante el verano logremos no aumentar nuestra huella de carbono, también debemos tener en cuenta nuestra huella hídrica. 

La Huella hídrica en verano

Con la llegada de la estación más calurosa del año, crece el gasto de recursos hídricos a causa del turismo, los riegos de parques, jardines o cultivos, y sobre todo, las piscinas. Según Suez España, grupo nacional líder en gestión del agua, durante la temporada estival el consumo de agua urbana crece entorno a un 30 y 40%.

Una tendencia que debemos controlar si queremos sobrevivir a algunos de los efectos del cambio climático, como las sequías y la escasez hídrica, y si queremos hacer frente al crecimiento de la demanda de agua urbana del 55% previsto para el próximo 2050.

Este año, en el que corremos el riesgo de sufrir olas de calor a causa del cambio climático, las piscinas se convertirán en la mejor arma para sobrellevar la subida de las temperaturas.

Debido a la situación climática actual, con la escasez de agua y las constantes sequías en el sector agrícola, muchos ecologistas consideran que las piscinas son un lujo innecesario que nuestro planeta no se puede permitir.

Aun así, si gran parte de la sociedad sigue haciendo uso de ellas, lo más importante es que su mantenimiento tenga el mínimo impacto ambiental posible.

Existen algunas acciones y recomendaciones que pueden ayudar a reducir significativamente el consumo de agua y energía generado por una piscina, y hacerla más eficiente a nivel ambiental.

¿Cómo conseguir que una piscina sea más sostenible?

1. Buscando y detectando fugas de agua

El primer paso es comprobar que la piscina no tenga ninguna fuga de agua o escape. En ocasiones, debido al uso de aislantes de poca calidad o a cambios en las condiciones del terreno, pueden aparecer pequeños orificios de salida de agua que al final del año, pueden suponer el desperdicio de miles de litros de agua.

Los expertos del sector recomiendan el uso de sistemas de impermeabilización con láminas armadas para reducir el riesgo de fugas.

2.Utilizar un cobertor térmico

Aunque pueda parecer que el cobertor solo es una herramienta que evita que la suciedad del exterior entre en la piscina, una de sus funciones principales es reducir las pérdidas derivadas de la evaporación del agua.

Además, gracias al cobertor térmico es posible ahorrar hasta un 20% de energía en climatización y aprovechar durante más tiempo el agua hemos utilizado para llenarla.

3.Ilumina tu piscina con luces LED

Cambiar el sistema de iluminación de tu piscina por bombillas LED, es una acción sencilla que requiere una mínima inversión, pero nos permite ahorrar más de un 70% en el consumo energético.

4. Reutiliza el agua: Sé circular

No volcar el agua de la piscina al acabar el verano y mantenerla para el año siguiente, supone un ahorro significativo de agua y reduce el riesgo de contaminación de nuestros océanos.

Además, guardando el agua para el siguiente verano podemos evitar problemas estructurales como la construcción de un circuito de salida de agua seguro para el vecindario. Reutilizando el agua de un año a otro, también facilitamos la puesta en marcha de la piscina.

Para lograr que nuestra piscina sea más sostenible, también podemos hacer más circular nuestro sistema de filtración. Si utilizamos filtros fabricados con vidrio reciclado en vez de los convencionales, podemos ahorrar hasta un 25% de agua y además no tendremos que renovarlos en el futuro.

5. Realiza un mantenimiento periódico de la instalación

Efectuar un mantenimiento preventivo, profesional y periódico de la instalación es fundamental para lograr reducir la huella hídrica generada por tu piscina.

El análisis y el mantenimiento pueden ayudarnos a reducir mínimamente el consumo energético y el agua utilizada para mantener nuestra piscina, lo cual contribuye de forma indirecta a reducir nuestra huella ecológica en el planeta

6. Desinfecta el agua de tu piscina con soluciones naturales

La mayoría de piscinas utilizan cloro para su desinfección. Aun así, este compuesto químico es altamente dañino para los organismos que viven en el agua y el suelo. Cada año, tras finalizar la temporada estival, centenares de familias o centros de ocio vuelcan el agua de sus piscinas al alcantarillado.

En unas horas el cloro llega a los mares y océanos de todo el mundo poniendo en peligro la fauna y la flora marina que lo habitan y, de manera indirecta, la propia salud de los océanos, uno de los mayores sumideros de carbono del planeta.

Los sistemas de desinfección con cloración salina o hidrólisis son más sostenibles

Por ello es importante dejar de lado el uso de cloro para la desinfección y recurrir a soluciones más sostenibles como la cloración salina, la hidrólisis y la desinfección ultravioleta. Con estos sistemas es posible conseguir un agua más sana y ahorrar hasta un 50% de agua de reposición.

Otra forma de reducir el uso del cloro y de cualquier sistema de desinfección es contar con duchas solares o bombas de calor frente a la piscina. Utilizándolas antes de sumergirnos en el agua, reducimos en gran medida la suciedad que introducimos en la piscina.

7. Usa la tecnología para reducir el impacto ambiental

A través de sistemas de control domótico es posible controlar el estado de la piscina desde el móvil, y evitar situaciones que pueden dañar el agua. Para la renovación del agua, las nuevas tecnologías permiten ya el uso de bombas de velocidad variable que permiten ahorrar más de un 50% en energía eléctrica.

Incluso para la cuestión de la limpieza, desde hace años existen los limpia-fondos automáticos, que, aunque puedan parecer un auténtico capricho, permiten ahorrar más de un 20% de agua en lavados de filtro.

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