Esta semana el secretario general de la ONU, António Guterres, y la directora del Programa para el Medio Ambiente de la ONU (PNUMA), Inger Andersen, presentaron un nuevo plan para hacer frente a la emergencia climática.

El punto de partida de esta hoja de ruta es “hacer las paces con la naturaleza” y establecer una nueva relación con ella. A lo largo de la historia, la humanidad ha transformado de forma arbitraria los ecosistemas y paisajes naturales con el fin de obtener los recursos necesarios para su desarrollo económico.

Pero la Tierra ha dicho basta. Así lo confirman los autores del informe, los científicos Ivar Baste y Robert Watson, que declararon a EFE que “la situación es realmente urgente y las acciones son muy necesarias […] Por eso PNUMA quería expresar que los problemas medioambientales están relacionados.

El informe pone de manifiesto la relación entre el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Son tres problemas que deben tratarse de forma conjunta debido a que, las consecuencias de los mismos, causarán pérdidas humanas y económicas incalculables que hoy ya están afectando a comunidades de todo el mundo.

Y es que, según datos de la Oficina de la ONU la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), durante las dos primeras décadas del siglo XXI, hemos sufrido alrededor de 6.681 desastres naturales relacionados con el clima, un aumento del 80% con respecto a los 3.656 registrados en los últimos 20 años del siglo XX.

Según el informe, para evitar pérdidas mayores es fundamental reducir las emisiones GEI en un 45% para 2030 – con respecto a los niveles de 2010-. Además, la sociedad debe ser ZEO -cero emisiones-, para 2050.

Los retos del nuevo informe del PNUMA

Los científicos que han elaborado el informe destacan cinco puntos clave para hacer frente a la emergencia de la contaminación, la biodiversidad y el cambio climático.

  • Los cambios medioambientales están socavando los logros del desarrollo que tanto costó conseguir, ya que provocan costes económicos y millones de muertes prematuras al año. Están impidiendo el progreso hacia el fin de la pobreza y el hambre, la reducción de las desigualdades, la promoción del crecimiento económico sostenible, el acceso igualitario al empleo y las sociedades pacíficas e inclusivas.

  • Estas emergencias están afectando el bienestar de los jóvenes de hoy y de las generaciones futuras. Su futuro depende de qué los países logren romper de forma urgente y clara con las tendencias actuales de deterioro del medio ambiente que caracterizan nuestra economía y producción. Por este motivo, la próxima década es crucial. La sociedad necesita reducir las emisiones de dióxido de carbono de carbono en un 45% para 2030, en comparación con los niveles de 2010. Debemos alcanzar las emisiones netas cero en 2050 para así limitar a 1,5 °C el calentamiento global de la Tierra. Y al mismo tiempo, debemos trabajar para conservar y restaurar la biodiversidad y minimizar la contaminación y los residuos.

  • Las emergencias medioambientales de la Tierra y el bienestar humano deben abordarse conjuntamente para lograr la transición ecológica. El desarrollo de los objetivos, las metas, los compromisos y los mecanismos de los principales convenios medioambientales clave y su aplicación deben alinearse para ser más sinérgicos y eficaces.

  • Los sistemas económicos, financieros y productivos pueden y deben transformarse para liderar e impulsar el cambio hacia la sostenibilidad. La sociedad debe incluir el “capital natural” en la toma de decisiones, eliminar las subvenciones perjudiciales para el medio ambiente e invertir en la transición hacia un futuro sostenible.

  • Todo el mundo tiene un papel que desempeñar para garantizar que el conocimiento humano, el ingenio, la tecnología y la cooperación vayan dirigidas a transformar la relación de la humanidad con la naturaleza. La gobernanza policéntrica es la clave para capacitar a las personas para que se expresen y actúen de forma responsable con el medio ambiente.

El enemigo de los cambios: El lobby fósil

 

Para combatir la emergencia climática, los sistemas alimentarios, hídricos y energéticos pueden y deben transformarse para satisfacer las crecientes necesidades humanas de forma equitativa, resiliente y respetuosos con el medio ambiente.

El informe también alerta de que existen intereses creados que pondrán trabas a los cambios necesarios para evitar las terribles consecuencias del cambio climático, si no cumplimos con los objetivos del Acuerdo de París 2015. El informe hace referencia de forma indirecta a las empresas cuyo modelo de negocio depende de los combustibles fósiles.

Para combatir esta “resistencia” los gobiernos deben dirigir nuevas ayudas y subvenciones a formas de vida alternativas y nuevos modelos de negocio, basados con un impacto medioambiental bajo o nulo, como la energía renovable, la arquitectura bioclimática y la energía y movilidad sostenible.

EEUU todavía destina un presupuesto a los combustibles fósiles y la agricultura extensiva

Un ejemplo de este cambio de enfoque se puede ver el presupuesto anual de Estados Unidos. Los subsidios destinados a los sectores de los combustibles fósiles y la agricultura extensiva, poco sostenible para el planeta, suponen alrededor de 5 y 7 billones de dólares al año – unos 4,2 y 5,8 billones de euros-.

Sin embargo, si este mismo capital se destinara a nuevas ayudas a empresas y/o organizaciones que tengan la intención de realizar la transición a una actividad económica ZEO -cero emisiones-, lograríamos llegar a la neutralidad climática para 2050. El informe advierte de que este cambio suscitará grandes oposiciones, tanto en los mercados como en la política.

Lograr una transición justa, que no deje a nadie atrás

La directora del PNUMA, Inger Andersen, ha advertido que “cada vez que hay una transición tecnológica o económica, se produce el peligro de que algunas personas sean abandonadas. Es muy importante que pongamos en marcha políticas en las que nadie quede abandonado con el cambio, por ejemplo, a energías renovables”.

Es fundamental tener en cuenta que el modelo económico actual está agotado y es obsoleto con respecto a los nuevos retos a los que se enfrenta la humanidad. Los países desarrollados deben aplicar una nueva solidaridad para lograr que los países menos desarrollados no se queden atrás en este nuevo paradigma.

Según Robert Watson, uno de los científicos que elaboró el documento, la industrialización ha llevado a la deforestación y la destrucción de los ecosistemas, para reconvertirlos en explotaciones agrícolas, ciudades o carreteras. “Todos nos hemos enriquecido con combustibles fósiles baratos, al usar carbón, petróleo y gas” añade Watson.

Por este motivo, los países desarrollados deben trabajar con los países en vías de desarrollo para asegurarse de que tienen acceso a energía limpia y barata, si se les demanda que no talen sus bosques o emitan CO2 para desarrollarse. “Porque la manera en que nos hemos desarrollado no es sostenible para el resto el mundo”.

El nuevo informe del PNUMA nos recuerda que vivimos en un planeta con recursos finitos, y que el actual modelo de desarrollo y de consumo ha dado pie al cambio climático. Si se emiten más gases que lo que los océanos y la vegetación pueden absorber, provocaremos un calentamiento global fatal para la Tierra.

Por este motivo es tan importante hacer frente a esta emergencia a través de una transición ecológica justa y equitativa. Nosotros como personas, también podemos contribuir a través de nuestras acciones: reducir nuestra huella de carbono es el primer paso para salvar el planeta.

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