Este verano, debido a las consecuencias de la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19, la temporada vacacional será mucho menos dañina para nuestro planeta. La cautela y la prevención marcarán los destinos y actividades.

 Las autoridades sanitarias recomiendan evitar los vuelos transnacionales y los viajes a lugares con grandes aglomeraciones de gente, dos condicionantes que implicarán una reducción de las emisiones de GEI que provocan el cambio climático, durante estos meses con respecto a años anteriores.

Ahora la sociedad trabaja para aprovechar al máximo la oportunidad de articular una salida verde de la crisis, lo que seguramente nos ayudará a mantener en el futuro los bajos niveles de emisiones conseguidos durante la pandemia.

Si bien este verano la sociedad reducirá parte de su huella de carbono derivada del transporte gracias a las recomendaciones sanitarias de no viajar, aún existen algunas emisiones vinculadas a nuestra actividad diaria que podemos evitar.

La Huella de carbono en verano

En verano corremos el riesgo de incrementar las emisiones generadas por nuestra actividad, a través del uso del aire acondicionado o del ventilador. Durante esta época del año consumimos diferente y surgen nuevas posibilidades de aumentar nuestra huella de carbono.

Podemos buscar opciones sostenibles para reducir este impacto negativo durante este verano:

El uso de cremas solares o la apertura de instalaciones como las piscinas, genera un impacto negativo en los océanos y ecosistemas marinos. Una huella ecológica que también producimos a través de nuestro consumo de ropa y trajes de baño.

La huella de carbono de la moda

Según el Institution of Mechanical Engineers el 35% de los microplásticos que contaminan nuestros océanos proceden de los textiles y fibras sintéticas utilizadas para confeccionar nuestra ropa y nuestros trajes de baño. Estos últimos, habitualmente se fabrican con plásticos como el elastano o el nylon, fibras plásticas que pueden tardar más de 100 años en degradarse y que desprenden millones de microplásticos tras cada lavado.

La moda es responsable de al menos el 8% de las emisiones GEI que provocan el cambio climático y del 20% de la huella hídrica del planeta; No debemos olvidar que es la segunda industria más contaminante del planeta.

Todo esto se debe al fast fashion o la también llamada moda rápida, el modelo de negocio más común entre las grandes marcas que, al mismo tiempo, supone una gran amenaza para la supervivencia de nuestro planeta.

La moda fast fashion, reduce el ciclo de vida útil de la ropa y la convierte en un producto de usar y tirar. Para abaratar el coste final del producto, se utilizan fibras sintéticas mucho más sensibles al desgaste y mucho más contaminantes.

Los datos parecen espeluznantes: Según la fundación Ellen McArthur, tres quintas partes de toda la ropa producida acaba en vertederos o incinerada en el plazo de un año a partir de su fabricación, generando emisiones innecesarias y dañando la fauna y flora del planeta.

Pese a que la crisis de la COVID-19 parece haber frenado este sistema de producción poniendo fin a las colecciones y a la compra por temporadas, las marcas siguen vendiendo ropa fabricada con tejidos y fibras que contribuyen al cambio climático.

Alternativas de bañadores ecológicos

En los últimos años un gran número de marcas han empezado a apostar por la sostenibilidad y la circularidad con colecciones de baño ZEO -cero emisiones-. También han nacido nuevas marcas 100% ecológicas, cuyo sello distintivo es la producción de una moda de baño capaz de generar el mínimo impacto en el medio ambiente y contribuir a la recuperación de los océanos.

Pese a las quejas y peticiones de miles de ONGs y entidades ecologistas, aun no existe ni se valora la creación de una normativa que regule la producción de moda con fibras sintéticas que contaminan de forma invisible y ubicua nuestro planeta. Aun así, muchas empresas han tomado la iniciativa de ofrecer a los consumidores opciones de moda que les permitan vestir de forma consciente.

Y si este verano quieres apostar por los trajes de baño y bikinis sostenibles y, además, evitar la huella de carbono derivada del transporte los mismos, existen múltiples marcas españolas y opciones de tejidos que te pueden ayudar a reducir tu huella de carbono.

El tejido ECONYL es una fibra producida con residuos plásticos de redes de pesca

Algunas marcas como la almeriense Ilove_belove o la madrileña Cabuya cuentan con una producción 100% local y fabrican sus prendas con ECONYL®, una fibra innovadora producida con productos reciclados de nylon, entre ellos redes de pesca, que han llegado al final de su vida útil.

Otras como All Sisters, aunque confeccionan sus trajes de baño con tejidos procedentes de Italia, cuentan con la acreditación OEKO-TEX. Se trata de una certificación que asegura al consumidor que las prendas han sido fabricadas en instalaciones de bajo impacto ambiental (eficiencia energética y electricidad renovable), y que están libres de sustancias nocivas para el planeta.

Algunas marcas son una clara muestra de que es posible crear grandes diseños 100% circulares. Cada bañador de la marca de lujo NOW_THEN, está fabricado con 300 gramos de basura marina, contribuyendo de esta forma a la limpieza de los océanos.

Otras marcas españolas como Reset Priority, Thinking MU y Suroswimwear, también utilizan fibras orgánicas y recicladas de bajo impacto ambiental, y siguen trabajando para hacer aun más sostenibles sus trajes de baño.

El upcycling y el diseño ayudan a reducir el impacto de la moda de baño en el planeta

En el mundo de la moda de baño muchas marcas apuestan también por el upcycling. La compañía Scotta1985 ha mejorado gran parte de su línea de bañadores cambiando los materiales de fabricación por fibras hechas a base de residuos plásticos.

Otra de las formas de reducir la huella de carbono de las prendas de baño es a través de su fabricación con fibras naturales completamente degradables, cuyo impacto en el medio ambiente es mínimo. La firma española Baelle, ha optado por materiales naturales como la seda, el algodón o el bambú para sus bikinis y trajes de baño.

Además de cumplir con los índices de sostenibilidad de Sensitive Fabrics, su colección cuenta con varios diseños reversibles, lo cual permite contar con dos bikinis en uno y así reducir el número de trajes de baño que compramos en verano.

SwimAgainst una marca activista de bañadores que divulgan la conciencia climática

La marca SwimAgainst, además de hacer frente al cambio climático mediante una producción y confección sostenible de sus bañadores, transmite la conciencia climática a través de sus diseños.

La mayoría de sus bañadores son reversibles y todos los estampados son imágenes reales que muestran la problemática del cambio climático. Los trajes de baño se elaboran en un taller socialmente responsable de Barcelona, que contrata personas en riesgo de exclusión social, y se distribuyen a través de un packaging biodegradable.

SwimAgainst es un claro ejemplo de que es posible configurar una moda activista y capaz de contribuir a la acción climática y la concienciación de la sociedad. La creadora de la marca tiene el objetivo de mostrar a través de sus diseños y bikinis, la necesidad de adoptar un estilo de vida respetuoso con el planeta en el que vivimos.

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