Durante el periodo de emergencia sanitaria, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que provocan el calentamiento global de la Tierra se redujeron un 8% a nivel global. La paralización de la economía, la limitación de la movilidad y el confinamiento tuvieron un impacto positivo en el medio ambiente y en la lucha contra el cambio climático.

Según alertó la comunidad científica, precisamente ese sería el porcentaje que deberíamos reducir cada año para lograr la neutralidad climática para el próximo 2050. Estas cifras de emisiones nos demuestran que, si la sociedad se implica en serio y corta de forma drástica con el actual sistema de producción y consumo, podría llegar a cumplir con los objetivos del Acuerdo de París 2015.

Durante la crisis sanitaria de la COVID-19 se registró la caída anual de emisiones más grande de la historia: evitamos la emisión de 290.842 toneladas de CO2 equivalente a la atmosfera.

La gran paradoja de todo esto es que, pese a este avance en el área de la descarbonización, esta crisis también tuvo efectos negativos en el ámbito de la política climática. La clave para lograr una transición a la economía ZEO -cero emisiones-, ágil y justa.

Durante la crisis sanitaria se paralizaron las medidas de los PNIEC

Durante esos meses, la mayoría de países paralizaron sus Planes Nacionales de Energía y Clima (PNIEC) y algunos eventos y conferencias que iban a abordar la sostenibilidad y la necesidad de activar estrategias de mitigación contra el cambio climático fueron pospuestos.

Según Inger Andersen, directora del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el 2020 iba a ser el año de la acción climática. Y es que durante la Cumbre del Clima de Glasgow (R.Unido) iba a entrar en vigor el Acuerdo de París (2015). Finalmente, la COP26 se celebrará del 1 al 12 de noviembre de 2021, es decir, un año después de la fecha inicialmente prevista.

Por otra parte, el congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que debía celebrarse en junio de 2020, finalmente tuvo lugar del 7 al 15 de enero de 2021. Mientras que la Conferencia de la ONU sobre Biodiversidad que debía celebrarse en octubre de 2020 en la ciudad de Kunmig (China), fue cancelada y aun no tiene fecha de celebración.

En este sentido, desde la propia Plataforma ZEO se han tenido que paralizar las acciones de concienciación y limpiezas de bosque, como las trobades ZEO. Y por su parte, para hacer frente a la crisis económica asociada a la COVID-19, muchas empresas han tenido que dejar sus planes de sostenibilidad a un lado para poder reducir al máximo los gastos de la compañía.

Durante la pandemia, la crisis climática quedó relegada a un segundo plano

El foco durante ese periodo fue frenar la crisis sanitaria, olvidando completamente otra de las grandes emergencias que acechan a la sociedad: la crisis climática. De hecho, este julio de 2021 hemos sido testigo de otra de sus consecuencias.

Paralelamente, en la otra punta del globo, Estados Unidos, centenares de unidades de bomberos tratan de apagar los 85 incendios forestales que azotan la parte oeste del país. Erica Fleishman, directora del Instituto de Investigación del Cambio Climático de Oregón, ha asegurado que estos escenarios extremos son solo un adelanto de lo que vendrá en los próximos años y décadas.

“Es una tendencia que ha sido proyectada durante décadas por miles de científicos de todo el mundo, que tienen pruebas muy sólidas de que, a medida que continúan las emisiones de gases de efecto invernadero, hay casos más frecuentes de todo tipo de fenómenos climáticos extremos “, explicó Fleishman.

La tóxica relación entre cambio climático y pandemia

Ahora mismo, con el nuevo repunte de contagios y las nuevas variantes del virus, se están volviendo a retrasar las acciones para frenar el cambio climático. Pese a que cada día la emergencia climática es mayor y sus consecuencias son más visibles a nuestros ojos, no se está dando prioridad a esta cuestión.

En este sentido, las entidades ecologistas advierten que la solución a este problema reside en la propia forma de hacer política y gestionar los recursos públicos. Para ellos, existe una gran falacia en el discurso político con respecto a la acción climática.

El hecho de que se deban destinar más recursos a combatir la emergencia sanitaria, no quiere decir que los recursos o el tiempo destinado a combatir el cambio climático deban verse reducidos; sino que se deben aumentar los recursos destinados a esta área específica.

Aún así, el Gobierno cada año cuenta con un Plan presupuestario fijo. Por este motivo, en el caso de enfrentarse a una emergencia sanitaria cuyos efectos son visibles a corto plazo (UCIS colapsadas, centenares de muertes diarias, miles de contagios, etc.), decidirá destinar una mayor parte de los mismos a hacer frente a este problema. Sin embargo, el cambio climático no afectará a la sociedad de forma directa hasta dentro de una década.

Después de este duro periodo, la sociedad tiene la oportunidad de llevar a cabo una salida verde de la crisis. Es importante tener en cuente que según el índice Masci Europe, las inversiones verdes han aguantado mejor la crisis de la COVID-19 porque tienen objetivos a medio y largo plazo.

Es el momento de realizar cambios en nuestra forma de consumir y vivir y ser más ZEO -Zero Emissions Objective-.

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