El 26 de abril se celebra el Día Internacional en recuerdo al desastre de Chernobyl de 1986. El accidente sucedido en la central de Vladímir Ilich Lenin de Ucrania, ha sido considerado por muchos como uno de los peores desastres medioambientales de la historia.

Tras una serie de problemas en los reactores nucleares días antes, el 26 de abril tuvieron lugar diversas explosiones que dieron pie a un incendio generalizado que acabó con la vida de 31 personas que murieron debido a la explosión y a la semidesintegración causada por el yodo. Pero las consecuencias de este accidente para la salud de la población fueron mucho peores a largo plazo.

Una nube radioactiva puso en peligro la salud de todas las personas de la Tierra

Las explosiones formaron una nube radioactiva que se extendió por Europa y Norteamérica exponiendo a miles de personas a la radiación. Como consecuencia de estos sucesos, algunas zonas colindantes a la central siguen deshabitadas y suponiendo un alto riesgo de contaminación radioactiva.

Según alertó el líder del Partido Verde en Rusia, Alexéi Yáblokov, “los territorios en un radio de cincuenta kilómetros en torno a Chernóbil no podrán ser habitados nunca”. Se estima que la radiactividad fruto del desastre no se extinguirá hasta pasados 300.000 años.

Numerosos estudios han demostrado los efectos que estas radiaciones tuvieron en las poblaciones vecinas, como, por ejemplo, la incidencia del cáncer de tiroides en Bielorrusia, Ucrania y Rusia, debido a la absorción del yodo-131. A lo largo de los años, la comunidad ha estado preocupada por la contaminación del suelo por estroncio-90 y cesio-137, con periodos de semidesintegración de unos 30 años.

Las investigaciones demostraron que los niveles más altos de cesio-137 se encontraron en las capas superficiales del suelo, donde fueron absorbidos por plantas, insectos y hongos, entrando en la cadena alimenticia humana.

Es por eso que en un día tan señalado como hoy, se vuelve a abrir el debate sobre la viabilidad de esta fuente de energía y su papel en la actual situación de emergencia climática.

La energía nuclear: Una fuente de energía cero emisiones

En los últimos años, la política climática se ha dado cuenta de que el primer paso para lograr cumplir con los objetivos marcados en el Acuerdo de París (2015) es descarbonizar la economía. La comunidad internacional ha puesto el foco en eliminar el uso de los combustibles fósiles para la obtención de energía.

En este sentido, la energía nuclear se alza como una posible alternativa ZEO (cero emisiones), que nos permitiría realizar una transición energética justa y beneficiosa para la sociedad.

A diferencia de las fuentes de energía renovable como la solar o la eólica, la energía nuclear puede ser más barata y rápida de obtener. Además, no depende de agentes externos para su funcionamiento, como el sol o el viento.

De todas formas, no debemos olvidar que se trata de una fuente de energía no renovable, puesto que se obtiene a través de la combustión de uranio.

¿Sabías que…?

En España en torno al 20% de la energía eléctrica bruta producida proviene de centrales nucleares.

En términos de producción, la energía nuclear es la tecnología que más aporta al sistema eléctrico español.

Un análisis de todo el proceso nuclear revela que un reactor produce entre un 20 y un 40% menos de CO2 comparado con cualquier planta de energía fósil.

Hoy en día, existen algunos detractores de este tipo de energía debido a las consecuencias negativas para la Salud y el planeta que podría ocasionar, en caso de accidente nuclear. En España, organizaciones ecologistas como Greenpeace han asegurado que la proliferación de la energía nuclear supone un freno a la introducción de energías renovables en el sistema eléctrico.

A lo largo de los años, “grandes compañías eléctricas están presionando al Gobierno para que frene el desarrollo de las renovables y mantener así el monopolio de la generación eléctrica con fuentes de energía sucias, el cual les aporta muchos beneficios económicos”.

Partidarios de la energía nuclear vs detractores

Para muchos, el suministro energético a partir de energía nuclear es el camino hacia donde debemos ir, ahora que disponemos de una tecnología más avanzada para minimizar los riesgos. Mientras que, para otros, supone un riesgo medioambiental que no podemos asumir, aunque sea para poner fin al calentamiento global.

En este sentido, hace un par de semanas el periodista de La Vanguardia Antonio Cerrillo comparó las “recetas” dispares para hacer frente a la emergencia climática de dos grandes líderes climáticos del momento: Naomi Klein y Bill Gates.

Mientras que, en su libro, “En Llamas”, Klein apuesta por cambios estructurales en el sistema de vida y en el modelo de consumo; en el libro, “Como evitar el desastre climático”, Bill Gates apuesta por las soluciones tecnológicas avanzadas para reducir los niveles de emisiones.

Es por eso que el tecnócrata creador de Microsoft fundó TerraPower, una compañía donde está diseñando y desarrollando un nuevo reactor nuclear de última generación. Según Gates, esta nueva remesa de centrales nucleares de cuarta generación, serán mucho más seguras, no requerirán de operarios y serán capaces de producir energía a un bajo coste.

Aun así, tanto Naomi Klein como la comunidad antinuclear considera esta solución “incongruente”. La gestión de los residuos radiactivos sigue siendo aun un problema sin solución con el que tendrán que lidiar las futuras generaciones.

Y es que, tras el accidente de Chernóbil en 1986, las autoridades decidieron encerrar el reactor 4 de la central nuclear en un sarcófago de hormigón y acero que contenía el material radioactivo en su interior. En 2016, se recubrió esta estructura con un recinto de contención más nuevo. Aun así, el material radioactivo, aunque esté controlado, sigue ahí.

Hasta la fecha, aun no hemos logrado crear un sistema efectivo para reciclar o hacer desaparecer este tipo de residuos que ponen en riesgo la salud humana y de los ecosistemas.

Tal y como apunta Naomi Klein en su libro, la lucha contra el cambio climático es un problema global que debe ser abordado de forma conjunta e implica sacrificios reales para todos los países. Con la energía nuclear, cuya construcción, infraestructura y mantenimiento requiere de una importante inversión, los países en vías de desarrollo tendrían muy difícil lograr un suministro energético nuclear.

Estos países seguirían utilizando energías como el carbón o el gas para su suministro eléctrico y seguiríamos emitiendo CO2 a la atmosfera.

Un estudio apunta a la renovables como la forma más rápida y rentable para reducir emisiones

Un estudio de la University of Sussex Business School y la International School of Management asegura que, si lo países desean reducir su huella de carbono de la forma más sustancial, rápida y rentable posible, deben priorizar el apoyo a las energías renovables en lugar de la energía nuclear.

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar 123 países y sus emisiones de CO2 durante 25 años. A lo largo del estudio descubrieron que los programas de energía nuclear tienden a no generar una reducción suficiente de las emisiones de carbono y, por lo tanto, no deberían ser consideradas como una fuente de energía eficaz.

A diferencia de los países que apuestan por las energías renovables, los países con conexiones nucleares nacionales de mayor tamaño no logran reducir sus emisiones de carbono de forma significativa. Por otra parte, en los países en vías de desarrollo, los programas nucleares en realidad se asocian con un mayor número de emisiones en el país.

El estudio que fue publicado en Nature Energy revela que, la energía nuclear y la renovable, no acostumbran a coexistir bien juntas en los proyectos nacionales para la reducción de los Gases de Efecto Invernadero (GEH). Más bien sucede al contrario: debido a los lobbies e intereses económicos de las compañías, ambas fuentes de energía se desplazan entre sí y se limita su efectividad.

A lo largo de este artículo se han mostrado los pros y los contras de la energía nuclear como fuente alternativa para la transición energética. De todas formas, paralelamente a este cambio en el modelo energético, la sociedad debe empezar a realizar cambios importantes en su vida diaria para poder reducir su huella de carbono.

Está en nuestras manos apostar por una comercializadora de energía u otra, por un transporte u otro, reducir nuestro consumo de carne de producción a gran escala o comprar a productores y vendedores de pequeña escala, ecológicos y de proximidad. Todas estas decisiones pueden ayudarnos a combatir el cambio climático y a conseguir una sociedad más ZEO -cero emisiones-.

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