VIVIR EN MATRIX

El movimiento Realfooding sienta sus bases en la adopción de una alimentación que no ponga en riesgo nuestra salud. Según Carlos Ríos, vivimos en el “mundo de Matrix” comiendo ultraprocesados que, estadísticamente, están aumentando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cáncer. 

El movimiento Realfooding propone una nueva categorización de los alimentos basada en: comida real, buenos procesados y ultraprocesados. Como si de una película de ciencia ficción se tratase, los seguidores de Carlos Ríos y su Realfooding son aquellos que han conseguido escapar del “lobby” de los procesados, el lado oscuro, y se esfuerzan día a día por llevar una alimentación mucho más sana libre de componentes artificiales. 

Este último año una de las tendencias paralelas al movimiento zerowaste o residuo cero por la economía circular ha sido el movimiento Realfooding. Se trata de “un estilo de vida basado en comer comida real y evitar los ultraprocesados” asegura Carlos Ríos, principal precursor de este movimiento en su libro Come comida real (2019). 

Este instagramer originario de Huelva, nutricionista de profesión, sentó las bases para un “movimiento que defiende el derecho a una alimentación saludable para la población. Una revolución que lucha con conocimiento y conciencia contra el lado oscuro de la industria alimentaria” asegura en su web.

Y en este sentido, todos sabemos que en el lado oscuro de la industria alimentaria también está la huella de carbono que deja a su paso. El cambio climático también demanda un cambio en el sistema alimentario mundial. 

¿Ahora bien, qué tiene que ver Realfooding con cambio climático?

En último informe del IPCC sobre el cambio climático y la tierra, la ONU anunció una nueva fórmula para combatir la crisis climática basada en un cambio de modelo alimentario. Principalmente, el informe reivindica la necesidad de reducir el consumo de carne y luchar contra el desperdicio alimentario, pero también “pasar de una dieta basada en alimentos ultraprocesados a una más saludable, con una mayor presencia de frutas, legumbres y verduras” explicó Bren Loken, de la Fundación EAT a Climática

El realfooding insta a volver a apostar por la comida fresca y real, que podemos encontrar en el mercado de toda la vida y que se puede conseguir comprando a granel -con la consecuente reducción del uso de plásticos que ello conlleva-. Esta forma de comprar, indirectamente está fomentando el desarrollo de la producción local y sostenible y el consumo de productos de kilómetro cero. De una forma u otra el movimiento realfooding, aunque tenga las bases sentadas en el área de la salud, está beneficiando indirectamente al medio ambiente. 

Lo que ahora llamamos realfooding es volver a la alimentación de toda la vida, más saludable y mucho más respetuosa con el ecosistema que nos rodea. Una alimentación en la que se reducen los envases y la compra de procesados que provienen de la otra parte del mundo, para fomentar el comercio, la producción y la agricultura local.

El daño indirecto de la industria de los ultraprocesados

La mayoría de procesados y ultraprocesados – el enemigo principal de los realfooders-, no son sostenibles. No se cultivan ni se producen bajo condiciones medioambientales correctas y llevan productos fitosanitarios de origen químico. Los procesados y ultraprocesados, se transportan desde largas distancias o se producen sin ningún tipo de criterio de eficiencia energética en sus fábricas, con toda la huella de carbono que esto conlleva.

El concepto “come comida real” no se entiende sin él de “dieta sostenible”. Según un  estudio de la organización World Wildlife Fund existen seis principios para llevar una “dieta sostenible” que pueden conseguir reducir un 25% la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y no suponen un aumento en el presupuesto destinado a la alimentación. Tres de estos principios encajan perfectamente con el movimiento realfooding: Comer más alimentos de origen vegetal, comprar alimentos que cumplan un estándar certificado y comer menos productos ricos en grasa, sal y azúcar.

Por lo tanto, al final el realfooder, siendo consciente o no de ello, está reduciendo su huella de carbono gracias a su nueva forma de alimentación. A no ser que, como sucede en muchos casos, para obtener esta alimentación ‘real’ deje de lado la proximidad de los alimentos que consume. “Un aguacate es comida real, es una fruta rica en nutrientes y muy sabrosa, eso sí, habitualmente proviene de países como México o Guatemala” asegura Laura González una realfooder iniciada. “Por lo tanto, para que este aguacate llegue a nuestros platos se han generado kilos de emisiones que contradicen cualquier tipo de alimentación sostenible” alerta González. 

El boom del realfooding ha generado un nuevo ecosistema de apps

Para solucionar cuestiones y problemas que tienen muchos realfooders a la hora de comprar, también han surgido en el ecosistema tecnológico un grupo de apps que están revolucionando la forma en la que compramos en los supermercados y lo que al final consumiremos en nuestros hogares. Las apps “escáner” de productos pueden decirnos si un producto lleva aditivos, cuál es su calidad nutricional y sobretodo, si el producto es ecológico.

Estas apps que han nacido poco después del “boom” del realfooding pueden influir directamente en la decisión de compra. De una forma u otra también ejercen una presión indirecta sobre las marcas alimentarias para que cambien el contenido y la forma de fabricar sus productos, haciéndolos más saludables y sostenibles.

Ahora mismo las apps de análisis de productos más populares son Yuka, Coco y My Real Food. Catalogan los productos de Excelentes a muy malos o mediocres. La app Yuka, la primera en el ranking de descargas, incluso recomienda alternativas más “eco” respecto a productos mediocres o pésimos. Estas apps, basan sus puntuaciones en bases de datos europeas o nacionales como el Open Food Facts, la mayor base de datos de productos que existe por el momento.

Alimentos ultraprocesados y deforestación 

Además de problemas de salud y la enorme huella de carbono que genera la industria de los procesados, es importante tener en cuenta el daño medioambiental directo que generan. 

Muchos de los ultraprocesados que consumimos contienen aceites vegetales como el aceite de palma. Es un producto que se obtiene convencionalmente a través de la tala de la Palma, un tipo de árbol que se encuentra en selvas tropicales. 

La controversia con respecto a este producto que se encuentra en la mayoría de productos y platos preparados siempre ha estado sobre la mesa. Y es que tal y como argumentaba Greenpeace el pasado 2017, “el aceite de palma no es malo en sí mismo, sino porque su cultivo industrial contribuye a la deforestación”. De hecho, ese mismo año, el Parlamento Europeo aprobó un informe que identificaba el aceite de palma como una de las principales causas de deforestación.

El aceite de palma se puede encontrar en helados, salsas, galletas y pizzas

Hace 30 años, la palma se utilizaba solo por las poblaciones y comunidades indígenas locales como producto de subsistencia. En los últimos años las industrias alimentarias occidentales han dirigido sus esfuerzos a conseguir este aceite que se encuentra en productos como los helados, salsas, galletas, pizzas, chocolates, confitería, bollería, salsas…

Se estima que en Indonesia y Malasia, donde se encuentran la mayoría de plantaciones de Palma, el 45% de las plantaciones se ubican en áreas que eran bosques en la década de los 90. La tala y quema de bosques para su posterior reconversión en cultivos que generarán aceite de Palma, es sin duda uno de los agravantes del cambio climático. 

Y es que los bosques son los grandes pulmones del planeta. Actúan como sumideros de CO2 y reducen el nivel de dióxido de carbono de la atmósfera, reduciendo de esta forma el calentamiento global de la Tierra. 

Llevando una alimentación realfooding la sociedad puede reducir su huella de carbono de la alimentación. Los realfooders dicen “NO” a marcas y productos alimentarios ultraprocesados que para poder ser producidos, están destruyendo los grandes sumideros de carbono del planeta.

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