Durante la crisis del COVID-19, el decreto del estado de alarma en España y en múltiples países de la Unión Europea, Asia y América paralizó completamente la economía, la movilidad y la actividad de nuestras sociedades.

Los efectos que esta pandemia ha generado en el planeta nos dejan con una sensación agridulce. La situación de forzoso confinamiento y la restricción de la movilidad para frenar la curva de contagios, nos han demostrado que es posible dar un giro de 360º y reducir las emisiones que provocan el cambio climático. Todo ello únicamente cambiando nuestro sistema económico y productivo y apostando por nuevos hábitos en nuestra vida diaria.

Las emisiones GEI se redujeron un 17% a nivel global durante la crisis del COVID-19

Durante la crisis sanitaria las emisiones GEI se redujeron hasta un 17% a nivel mundial. En España, uno de los países más afectados por la pandemia, la caída de emisiones durante los meses de marzo, abril y mayo ha sido de un 35%.

En países como China, uno de los mayores emisores de CO2 del planeta, mientras se mantuvo el estado de alarma se lograron reducir hasta un 25% las emisiones de CO2. Esto son 200 millones de toneladas de CO2 que equivalen a una reducción del 6% de las emisiones mundiales durante ese período.

El confinamiento de la ciudadanía ha dado pie a cambios drásticos en el uso de la energía y las emisiones de CO2. Los expertos alertan de que estas reducciones de la huella de carbono podrían ser sólo temporales, a no ser que las sociedades e instituciones políticas logren articular la construcción de una nueva normalidad en línea con los objetivos del Acuerdo de París (2015).

Lograr una salida verde de la crisis es un reto que deben asumir los líderes mundiales y empresas pero también las sociedades a través de un desconfinamiento ZEO. Estableciendo respuestas económicas y medidas ZEO será posible mantener el incremento del calentamiento global de la Tierra por debajo de los 1,5ºC respecto a la época pre-industrial.

Durante el confinamiento las emisiones del transporte se redujeron un 43%

Para ello, algunas de las soluciones más efectivas son aquellas enfocadas al área de la movilidad. Y es que, durante el pico del confinamiento mundial, se estima que las emisiones del transporte terrestre se redujeron un 43%.

Teniendo en cuenta que el sector del transporte es el segundo que más emisiones GEI genera a nivel global y el que mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años, los datos de reducción de emisiones resultan bastante positivos para la lucha climática.

Además, durante este periodo también se lograron reducir drásticamente las emisiones NOx, SO2 y CO generadas por la combustión de los vehículos convencionales de gasolina o diésel, y que son altamente perjudiciales para la salud. Estos gases que también son considerados GEI afectan directamente a la calidad del aire que respiramos. Por lo tanto, durante los meses de confinamiento el aire de las ciudades se ha purificado y los niveles de estos gases se han llegado a reducir entre un 10 y un 30%.

Por lo tanto, es posible y factible reducir gran parte de las emisiones GEI que provocan el cambio climático migrando a otros medios de transporte y transformando nuestras ciudades.

En este sentido, la bicicleta resulta un medio de transporte óptimo para lograr la transición a la movilidad ZEO, sobre todo si hablamos de movilidad urbana. Si bien en los últimos años hemos visto como la bicicleta ha ido convirtiéndose en una opción de movilidad creciente en la mayoría de grandes urbes, aún queda trabajo por hacer para su estandarización y normalización en la sociedad.

La movilidad con bicicleta eléctrica podría reducir un 10% la cuota de uso del coche en las ciudades

Fruto del establecimiento de ZBE (Zonas de Bajas Emisiones), Redes de Carril Bici y de las nuevas tecnologías con el auge de la bici eléctrica, “se espera que gracias a la movilidad con bicicleta eléctrica se reduzca un 10% la cuota de uso del coche en las grandes ciudades”.

Carlos Núñez, Secretario general de la AMBE (Asociación de Marcas y Bicicletas de España), explicó en una entrevisto a Plataforma ZEO que la mejor solución de movilidad alternativa ZEO podría ser la bicicleta. Y es que por cada 10 km recorridos en bicicleta en vez de en coche, evitamos unos 2 kilos de CO2 a la atmosfera. Carlos Núñez asegura que el mejor substituto del contaminante vehículo a motor es la bicicleta, en concreto, la bici eléctrica.

La teoría de la ciudad de los 15 minutos

Aunque todos estos datos sobre el uso de bicicletas convencionales o eléctricas para la movilidad urbana puedan resultar ciertamente esperanzadores para la lucha climática, lo cierto es que para la mayoría de expertos el primer paso debería ser la transformación de las ciudades.

El arquitecto y profesor de la Universidad de la Sorbona, Carlos Moreno tiene la clave sobre cómo deberían ser las nuevas ciudades verdes del futuro. Tras la crisis sanitaria del COVID-19 resurge la teoría de las ciudades “todo a quince minutos” o “las ciudades del cuarto de hora”.

Este tipo de urbes están pensadas para acercar a la ciudadanía a sus espacios de trabajo, centros de ocio y necesidades básicas reduciendo drásticamente las emisiones de dióxido de carbono.

Después de dos largos meses de confinamiento, la idea de Carlos Moreno de adaptar nuestras ciudades para que los ciudadanos no necesiten más de un cuarto de hora para llegar a su trabajo o hacer la compra vuelve a estar sobre la mesa.

Según explicó Carlos Moreno al medio Eje Prime, para lograr el distanciamiento social y prevenir el contagio es fundamental pacificar las calles y los como el transporte en los núcleos urbanos. Por ello, está en nuestras manos conseguir que las soluciones a este problema sean sostenibles y así la ciudadanía no vuelva a hacer uso de su coche privado para moverse por la ciudad.

Hace un año la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, utilizaba el texto de Carlos Moreno “La ciudad de los quince minutos: por un nuevo chrono-urbanismo” durante la campaña electoral en marzo de 2019. Tras la crisis del COVID-19 la teoría de la “ciudad de los quince minutos” está tomando una gran relevancia en todo el mundo.

La ciudad de los quince minutos busca devolver el protagonismo a las personas en las grandes ciudades eliminando paulatinamente los coches y así logrando una mejor calidad del aire que respiran los ciudadanos. De esta forma se podría construir una nueva movilidad capaz de conectar la ciudad de forma más sostenible.

La ciudad de los quince minutos mejoraría la calidad de vida de los ciudadanos

Modificando la relación de los ciudadanos con el tiempo y el espacio, se mejoraría también su calidad de vida al otorgar a sus desplazamientos diarios un tiempo inferior a 15 minutos. La tipología de la urbe monofuncional, con barrios de oficinas o grandes complejos de ocio, quedaría totalmente desdibujada dando paso a una estructura policéntrica con varios núcleos separados.

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