Internet parece algo etéreo, “en la nube”, pero en realidad descansa sobre millones de servidores muy físicos que consumen muchísima electricidad y agua. Según distintos análisis, los centros de datos ya rondan el 1–2% de las emisiones globales y su consumo eléctrico podría acercarse a los 1.000–1.050 TWh en 2026, una cifra similar al consumo anual de países enteros. La pregunta es clara: ¿puede este monstruo digital crecer al ritmo de la IA y seguir siendo compatible con el límite de 1,5 ºC marcado por el Acuerdo de París?

Centros de datos verdes y el límite de 1,5 ºC: ¿por qué nos jugamos tanto?

Para mantenernos cerca de 1,5 ºC, el presupuesto global de carbono que nos queda es mínimo: menos de 250 gigatoneladas de CO₂ para tener un 50% de probabilidades de no pasarnos de ese límite. Eso implica recortar emisiones muy rápido en todos los sectores, también en el digital, aunque hoy “solo” represente en torno al 1% de las emisiones globales de CO₂. El problema es que el uso de la nube, el vídeo en streaming y, sobre todo, la inteligencia artificial, están disparando la demanda de nuevos centros de datos en todo el mundo.

Los escenarios de la Agencia Internacional de la Energía estiman que el consumo eléctrico de estos centros crece alrededor de un 12% anual desde 2017 y podría duplicar su participación en la demanda global para 2030. Informes como el de NTT Data alertan de que, con la expansión de la IA, la demanda eléctrica de centros de datos podría alcanzar 1.050 TWh en 2026 y que su huella de carbono operativa podría duplicarse antes de 2030, llegando a alrededor del 1% de las emisiones mundiales. En un mundo que necesita recortar, que haya sectores cuyas emisiones sigan creciendo va totalmente a contracorriente de la senda de 1,5 ºC.

Qué hace “verde” a un centro de datos verde frente a uno convencional

La buena noticia es que no todos los centros de datos son igual de voraces. La industria usa un indicador clave: el PUE (Power Usage Effectiveness), que compara cuánta energía entra en el centro frente a cuánta va realmente a los equipos de TI. Los hiperescala (los grandes de la nube) ya están operando con PUE de 1,1–1,2, mientras que muchos centros empresariales se mueven todavía entre 1,5 y 1,8. Cuanto más se acerque a 1,0, menos energía se desperdicia en refrigeración, iluminación u otros sistemas auxiliares.
Un centro de datos verde combina varias piezas a la vez:
E
Alta eficiencia energética (buen PUE, eliminación de “servidores zombi”, virtualización y consolidación de cargas)
E
Consumo de electricidad de origen renovable, ya sea con contratos de energía verde, PPAs o generación in situ con fotovoltaica y almacenamiento
E
Refrigeración avanzada que reduzca el uso de energía y de agua: free-cooling, enfriamiento líquido, e incluso uso de agua de mar en algunos proyectos
E
Diseño circular: reutilización de calor residual (por ejemplo, para calefacción urbana) y buena gestión de residuos electrónicos
Según análisis recientes, los grandes proveedores de nube ya compran una parte importante de su electricidad en forma de energía renovable y diseñan hardware a medida para ganar eficiencia, algo que reduce su huella por unidad de cálculo. Es decir, si las aplicaciones migran de un CPD antiguo con PUE 1,7 a uno hiperescala con PUE 1,15 y renovables, la huella de carbono por usuario o transacción puede caer de forma notable.

Centros de datos verdes: ¿puede el crecimiento digital seguir la senda de 1,5 ºC?

Aquí viene la parte delicada. A día de hoy, los centros de datos suponen alrededor del 1% de las emisiones globales de CO₂, y la IEA proyecta que podrían llegar a alrededor del 1–1,4% en 2030, incluso con mejoras de eficiencia, si la expansión continúa al ritmo actual. Otros estudios elevan ese porcentaje a cerca del 2%, sobre todo si se suman servicios de red y tráfico asociado a la nube y la IA. Por sí solo, este sector no “rompe” el clima, pero sí puede comerse una porción cada vez mayor del presupuesto de carbono que queda.

Los informes sobre IA y energía avisan de que la demanda eléctrica vinculada a modelos de inteligencia artificial podría cuadruplicarse hacia 2030 si no se corrige el rumbo. Un análisis citado por Carbon Brief concluye que este crecimiento “va en contra de las enormes ganancias de eficiencia necesarias para llegar a emisiones netas cero”, y alerta de que algunos países pueden ver tensionadas sus redes eléctricas por la concentración de megacentros de datos. A la vez, la propia IEA recuerda que casi todos los demás sectores tendrán que ir disminuyendo sus emisiones, mientras que el de centros de datos es uno de los pocos donde se espera que sigan aumentando si no hay cambios radicales.

Para que internet sea compatible con 1,5 ºC, no basta con que los centros de datos “no empeoren mucho” la situación; hay que conseguir que su huella por unidad de servicio baje tan rápido que el crecimiento en demanda quede compensado. Eso significa tres cosas: energía 100% renovable, máxima eficiencia y contención del consumo superfluo.

Cómo avanzar hacia centros de datos verdes realmente alineados con el clima

En la práctica, hay una hoja de ruta bastante clara para que los centros de datos se acerquen a esa compatibilidad climática:

Primero, exprimir la eficiencia. La virtualización y consolidación de servidores, la eliminación de “servidores zombis” y la arquitectura hiperconvergente permiten reducir el número de máquinas físicas necesarias, lo que baja consumo energético y necesidades de refrigeración. Además, se están extendiendo técnicas de refrigeración líquida y free-cooling que recortan hasta un 30% el consumo energético asociado al frío, y métricas como PUE o WUE (agua) ayudan a fijar objetivos públicos y transparentes.

Segundo, descarbonizar la electricidad que alimenta esos centros. Cada vez más operadores contratan energía verde certificada, firman PPAs con parques solares y eólicos o instalan paneles solares y baterías en sus propios recintos. Informes recientes calculan que, si la expansión de los centros de datos se asocia mayoritariamente a nueva capacidad renovable, su aportación al calentamiento podría mantenerse contenida incluso en escenarios de fuerte crecimiento del tráfico.

Tercero, poner límites y reglas a nivel regulatorio y de diseño de servicios. Algunos expertos ya proponen que la evaluación de nuevos proyectos de IA y grandes centros de datos incluya su impacto climático a largo plazo, igual que se hace con otras infraestructuras energéticas. También se habla de trasladar centros de datos a zonas con abundancia de renovables o climas fríos, y de incentivar el uso de calor residual para calefacción urbana o procesos industriales cercanos.

Y aquí también entra el papel de usuarios y empresas: si como clientes exigimos que nuestras nubes, webs o herramientas digitales estén alojadas en centros con certificaciones de sostenibilidad, objetivos de cero emisiones y PUE público, estamos empujando al sector en la dirección correcta.

Entonces, ¿podrá internet ser compatible con 1,5 ºC?

No hay una respuesta binaria, pero sí una condición clara: internet solo será compatible con 1,5 ºC si el crecimiento de la demanda digital viene acompañado de una reducción drástica de las emisiones por unidad de servicio y de una descarbonización casi total de la energía que usan los centros de datos. Dado el poco presupuesto de carbono que nos queda, cualquier desvío se pagará caro con impactos irreversibles si sobrepasamos el límite de 1,5 ºC de forma prolongada.

La buena noticia es que sabemos qué hacer: centros de datos hiper eficientes, alimentados con renovables, con refrigeración de bajo impacto, reutilización de calor y métricas de transparencia climática. La mala es que, si la carrera por la IA y el streaming no se acompaña de esta transformación, los centros de datos se pueden convertir en uno de los sectores “rebeldes” que nos empujan por encima de los límites climáticos.

Desde Plataforma ZEO, este reto digital también forma parte del objetivo de cero emisiones. La plataforma impulsa la conciencia climática, ayuda a personas y empresas a medir su huella de carbono y promueve que las organizaciones se comprometan públicamente con fechas y planes para alcanzar las cero emisiones. Porque, tanto en el mundo físico como en el digital, cada decisión cuenta para reducir las emisiones de CO₂ y frenar el cambio climático.

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